SOPLAN BUENOS AIRES PARA LA HISTORIOGRAFÍA
 


Manifiesto de historia a debate

 

 

           No somos pocos quienes consideramos que los últimos veinticinco-treinta años del siglo XX generaron -amén de interesantes y estimulantes perspectivas analíticas y temáticas- macizas tendencias regresivas en el campo de la historiografía. Sintomáticamente, hay campos historiográficos nacionales -como el argentino- en los cuales las tendencias regresivas (una serie de abandonos: de la concepción de la historia como ciencia social; de los análisis globales o macro; de la teoría y los conceptos, por tanto, de la explicación; entre otros) han primado -y priman aún- sobre las positivas. Hay modas que se han difundido acríticamente, ratificando con harta evidencia empírica el aserto de Alan Knight: “La moda es una pobre guía hacia la verdad”.

            Afortunadamente, no han escaseado, y son cada día más, las voces y las acciones de reacción. Así, para limitarnos al espacio iberoamericano, dos formidables iniciativas -originadas en Galicia y Andalucía, en España, prontamente expandidas a Portugal y América Latina, sin mengua de otros espacios- se destacan por sus propuestas y acciones. Se trata de dos organizaciones internacionales: la Asociación Internacional Historia a Debate, la primera en el tiempo, y la Asociación Historia Actual.

            Historia a Debate inició sus actividades a comienzos de los años 1990. Se autodefine como una red estable que -en tiempos de fragmentación, comunica y reúne a historiadores de todo el mundo, mediante actividades presenciales y en Internet, dentro y fuera de las instituciones académicas- que busca dinamizar intercambios y contactos multilaterales entre sus miembros más allá de las fronteras de la especialidad y de la nacionalidad, de las diversas filias y fobias, de cualesquiera ideología cerrada. Historia a Debate es un foro permanente de discusión, en tiempos de transición paradigmática, sobre: la metodología, la historiografía y la teoría de la historia; la práctica renovada de la investigación y de la divulgación histórica; la docencia de la historia, en la universidad y en las enseñanzas medias, y su relación con la investigación y la reflexión historiográfica; los problemas académicos, profesionales y laborales de los historiadores, sobre todo jóvenes; la interacción y el compromiso del historiador con la sociedad, la política y la cultura de nuestro tiempo.

            Quienes Integramos Historia a Debate compartimos algunos principios básicos y fundamentales: 1) No confundimos la praxis intelectual de la tolerancia con cualquiera neutralidad indiferente ante los problemas históricos e historiográficos del pasado, del presente y del futuro. 2) Creemos en un pensamiento historiográfico comprometido pero abierto, crítico mas autocrítico, coherente pero jamás único. 3) Procuramos, en consecuencia, a través de un intercambio académico y digital, de la investigación, la reflexión y el contraste de pareceres, aquellos consensos posibles y necesarios, los nuevos paradigmas, para, desde la diversidad, afrontar con éxito los cambios históricos e historiográficos que nos trae el nuevo siglo.

            Historia a Debate es un taller de experimentación y puesta al día, en tiempos de grandes retornos, en todo lo relativo al uso crítico y reflexivo de las fuentes, a los temas, teorías y enfoques de la investigación empírica, a lo que -sin duda, restrictivamente- llamamos oficio de historiador. Nos interesan nuevas propuestas de líneas de investigación, incluyendo las que están surgiendo, o que pueden surgir, de la reformulación creativa de los enfoques sabidos, porque pensamos que ni lo nuevo es necesariamente bueno y lo viejo necesariamente malo.

            La Asociación ha realizado, entre otras varias actividades, dos Congresos Internacionales, reunidos en Santiago de Compostela en julio de 1993, el primero, y julio de 1999, el segundo. Ambos contaron con la adhesión académica de más de cien instituciones internacionales y la participación de unos 1.500 historiadores de más de 35 países de los cinco continentes. Los volúmenes publicados pueden ser adquiridos accediendo a la página web de HaD: www.h-debate.com). El tercer Congreso tendrá lugar en 2004.

            Asimismo, HaD ha elaborado, a través de un equipo formado por profesores de varias universidades españolas, una base de datos de unas 45.000 direcciones postales y electrónicas de historiadores de todo el mundo, a los cuales se ha enviado la laboriosa Encuesta Internacional "El estado de la historia", que tiene por objeto una aproximación, cuantitativa y cualitativa, a la situación de la historiografía en la bisagra de los siglos XX y XXI.

            Hoy, Historia a Debate cuenta hoy con más de mil cien miembros, pertenecientes a cuarenta y cinco países. Y el 11 de setiembre de 2001 ha dado un muy importante paso como proyecto colectivo con la elaboración y difusión de un Manifiesto que nos define como tendencia historiográfica, sin menoscabo de la pluralidad de la red, en debate y relación con la continuidad simple de la historiografía de los años sesenta y setenta del siglo XX, el positivismo que renace y el posmodernismo que decae. Este importante documento se reproduce a continuación de esta gacetilla.

             La Asociación Historia Actual (AHA), a su vez, es resultado de una iniciativa del Dr. Julio Pérez Serrano, Director del Doctorado en Historia y Geografía de la Universidad de Cádiz, secundado por un entusiasta y eficaz grupo de jóvenes investigadores(as). En enero de 2001, en ocasión del Primer Congreso Internacional: “Transicones políticas y globalización. Los procesos de cambio de régimen en España e Iberoamérica”, realizado en esa antiquísima ciudad -cuya fundación la leyenda adjudica a Hércules y la historiografía a los fenicios, que la llamaron Gades-, la AHA se constituyó formalmente como una entidad cultural y científica de ámbito internacional, procediendo a elegir sus autoridades. Su principal finalidad es el fomento de la investigación, la enseñanza y la publicación de toda la labor cultural y científica relacionada con el desarrollo humano, desde una perspectiva multidisciplinar, con especial atención al estudio histórico, descriptivo, explicativo y prospectivo, de los procesos sociales a escala global y regional. La Asociación intenta, para ello, facilitar los contactos científicos y el intercambio de noticias, ideas e iniciativas entre sus miembros. Asimismo, la colaboración con las instancias afines del ámbito universitario.

             Durante 2001, la AHA avanzó en su institucionalización y en el de sus publicaciones, el Boletín Informativo y la Revista de Historia Actual, cuyo primer número será difundido antes de la conclusión de aquél. La revista cuenta ahora con dos Consejos internacionales, uno de Redacción y otro Asesor. Asimismo, la Asociación ha convocado al Segundo Congreso Internacional: “Nuestro patrimonio común”, que sesionará en Cádiz durante los días 22 a 24 de abril de 2002. La convocatoria se realizó a investigadores de la historia reciente de los pueblos iberoamericanos, cualesquiera sea su disciplina de origen. Tanto las ponencias cuanto las comunicaciones presentadas serán seleccionadas por el Comité Científico del Seminario. Las primeras serán publicadas en un número monográfico de la Revista de Historia Actual. Habrá ocho temas de especial interés para el debate: “Identidades étnicas, nacionales y culturales”, “Dictaduras, transiciones y problemas de la democracia”, “Desigualdad, conflicto y cambio social”, “Experiencias de integración regional”, “Migraciones y exilios”, “Retos de la globalización económica”, “Patrimonio natural, medio ambiente y modelos de desarrollo”, “El papel de la Comunidad Iberoamericana en el mundo actual”.

             Los fines de la Asociación son:

  • Publicar la Revista de Historia Actual, de carácter científico, con una periodicidad, al menos, anual.

  • Fomentar el desarrollo de una historia crítica, novedosa y abierta.

  • Cultivar nuevos enfoques metodológicos en la investigación histórica.

  • Abrir la investigación histórica a nuevos temas, especialmente a los comprometidos con los problemas del presente.

  • Organizar conferencias, cursos, seminarios y congresos científicos.

  • Dedicar atención al análisis de fuentes históricas, tanto tradicionales como nuevas.

  • Dar a conocer la producción historiográfica más reciente y novedosa.

  • Facilitar el intercambio científico inter y multidisciplinar a través de la edición de diversas publicaciones

  • Potenciar la colaboración con los centros públicos y privados de investigación, y con el ámbito empresarial.

  • Recabar fondos y ayudas para cumplir estos fines, tanto de organismos públicos como de entidades privadas y de particulares.

             Los socios pueden serlo en calidad de: a) Ordinarios. b) Estudiantes. c) Adheridos. d) Honorarios. La admisión de los socios es facultad de la Comisión Ejecutiva, que decide, en un plazo máximo de treinta días, la procedencia o no de la admisión. Admitida la solicitud, la Comisión Ejecutiva facilita la oportuna documentación acreditativa de la condición de socio. El ingreso se hace efectivo mediante el pago de la cuota anual, cuya cuantía determina y puede modificar la Asamblea General.

             Todos los socios de la Asociación de Historia Actual (AHA), en cualquiera de sus categorías, gozan del derecho a: a) Asistir con voz y voto a las Asambleas Generales e intervenir, según los cauces reglamentarios, en la toma de decisiones. b) Elegir y ser elegido miembro de la Comisión Ejecutiva, bajo las condiciones que se establecen en los Estatutos. c) Disponer de todos los servicios y beneficios que la Asociación pueda facilitarles. d) Recibir toda la información y adquirir en condiciones especiales las publicaciones y el material científico que distribuya la Asociación, así como inscribirse en sus actividades en las condiciones que la Comisión Ejecutiva determine. e) Ofrecer a la Comisión Ejecutiva, al Consejo General y a la Asamblea General cuantas sugerencias e iniciativas estimen oportunas.

             Los órganos de la Asociación de Historia Actual (AHA) son la Asamblea General, el Consejo General y la Comisión Ejecutiva. Todos los cargos de la Asociación son renovados a través del proceso electoral que tendrá lugar cada tres años. Para desempeñar cualquier cargo se requiere haber sido socio ininterrumpidamente durante los tres años anteriores.

             La Asamblea General, órgano supremo de la Asociación de Historia Actual (AHA), está integrada por todos sus socios. Puede ser convocada con carácter ordinario por la Comisión Ejecutiva una vez al año, y se constituye automáticamente durante la celebración del Congreso de la Asociación, que se reúne al menos cada tres años.

             El Consejo General está integrado por un número indeterminado de miembros designados por la Comisión Ejecutiva, entre personalidades de reconocido prestigio. Los miembros de la Comisión Ejecutiva son miembros natos del Consejo General.

             La Comisión Ejecutiva está integrada por, al menos, seis miembros elegidos por la Asamblea General. En su seno, la Comisión Ejecutiva elegirá, por mayoría simple, al menos los siguientes cargos: Presidente, Secretario General y Tesorero-Administrador, que lo serán al mismo tiempo del Consejo General y de la Asociación.

             Los miembros del Consejo General y de la Comisión Ejecutiva son elegidos para un mandato de tres años, y son reelegibles. El Consejo se reúne al menos una vez al año. Su función es el asesoramiento a la Comisión Ejecutiva en todo lo relativo al desarrollo de sus funciones, proponiendo y participando en actividades que contribuyan a la consecución de los fines generales de la Asociación.

             Participan, inicialmente, de la Asociación, investigadores de España, Portugal, Argentina, Chile, pero ella aspira a expandirse en una escala, al menos,  iberoamericana, si no mayor. El Presidente es el Dr. Julio Pérez Serrano. Entre los miembros del Consejo General conformado en la reunión de enero de 2001 se encuentran tres investigadores latinoamericanos: Waldo Ansaldi (del CISH-UNLP y Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina), Gerardo Bianchetti (Universidad Nacional de Salta, Argentina) y Leonardo Mazzei de Grazia (Universidad de Concepción, Chile).

             La AHA tiene su domicilio social, provisionalmente, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz, Avda. Dr. Gómez Ulla, s/n. 11003 Cádiz, España. Los interesados pueden dirigirse, por vía postal, a esa dirección, o bien, por correo electrónico, a gebc@uca.es. La AHA se encuentra en Internet en http://ww.historia-actual.com/web.

             Como se aprecia, ambas asociaciones ponen especial énfasis en reivindicar el carácter de ciencia social de la historiografía, la acción multidisciplinaria, la pertinencia de la historia del tiempo presente y la necesidad de la explicación. Iniciativas y proyecto como el de la AHA y la HaD apuntan, como el giro que parece haberse producido en el último Congreso Internacional de Ciencias Históricas (Oslo, agosto de 2000), a una recuperación de los mejores logros de las historiografías del siglo XX.

                                                                                                                                       Waldo Ansaldi

               IIGG-UBA y CISH-UNLP

 

 

MANIFIESTO DE HISTORIA A DEBATE

 

            Después de ocho años de contactos, reflexiones y debates, a través de congresos, encuestas y últimamente Internet, hemos sentido la urgencia de explicitar y actualizar nuestra posición en diálogo crítico con otras corrientes historiográficas, asimismo desarrolladas en la última década del siglo XX: (1) el continuismo de los años sesenta-setenta, (2) el posmodernismo, y (3) el retorno a la vieja historia, la última "novedad" historiográfica.

             Estamos viviendo una transición histórica e historiográfica de resultados todavía inciertos. Historia a Debate como tendencia historiográfica quiere contribuir a la configuración de un paradigma común y plural de los historiadores del siglo XXI que asegure para la historia y su escritura una nueva primavera. A tal fin hemos elaborado 18 propuestas metodológicas, historiográficas y epistemológicas, que presentamos a los historiadores y a las historiadoras del mundo para su debate y, en su caso, adhesión crítica y posterior desarrollo.

 

METODOLOGÍA

 I.- Ciencia con sujeto

            Ni la historia objetivista de Ranke, ni la historia subjetivista de la posmodernidad: una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado conforme lo construye.

             Tomar en consideración las dos subjetividades que influyen en nuestro proceso de conocimiento, agentes históricos e historiadores, es la mejor garantía de la objetividad de sus resultados, necesariamente relativos y plurales, por lo tanto rigurosos.

             Ha llegado la hora de que la historia ponga al día su concepto de ciencia, abandonando el objetivismo ingenuo heredado del positivismo del siglo XIX, sin caer en el radical subjetivismo resucitado por la corriente posmoderna a finales del siglo XX.

             La creciente confluencia entre las "dos culturas", científica y humanística, facilitará en el siglo que comienza la doble redefinición de la historia, como ciencia social y como parte de las humanidades, que necesitamos.

 

 II. - Nueva erudición

            Somos partidarios de una nueva erudición que amplíe el concepto de fuente histórica a la documentación no estatal, a los restos no escritos de tipo material, oral o iconográfico, a las no-fuentes: silencios, errores y lagunas que el historiador y la historiadora ha de valorar procurandotambién la objetividad en la pluralidad de las fuentes.

             Una nueva erudición que se apoye con decisión en el conocimiento no basado en fuentes que aporta el investigador. La historia se hace con ideas, hipótesis, explicaciones e interpretaciones, que nos ayudan además a construir/descubrir las fuentes.

            Una nueva erudición que vaya más allá de la historiografía renovadora de los años sesenta y setenta incorporando la nueva relación con las fuentes aportada por la historia de las mujeres, la historia oral, la historia ecológica, la historia mundial/global y otras novedades productivas surgidas o desarrolladas en los años ochenta y noventa, así como la "nueva historiografía" que está naciendo en Internet y de la cual formamos parte.

             Una nueva erudición que, reconociendo que el necesario trabajo empírico no decide la verdad histórica más que a través de las comunidades de historiadores, desenvuelva el debate y el consenso en ámbitos colectivos.

             Una nueva erudición, en suma, que nos permita vencer el "giro positivista" y conservador a que nos ha conducido, recientemente, la crisis de las grandes escuelas historiográficas del pasado siglo, y que amenaza con devolver a nuestra disciplina al siglo XIX.

 

            III.- Recuperar la innovación

            Urge un nuevo paradigma que recobre el prestigio académico y social de la innovación en los métodos y de los temas, en las preguntas y en las respuestas, en resumen, en la originalidad de las investigaciones históricas. Una nueva historiografía que mire hacia adelante y que devuelva al oficio de historiador el entusiasmo por la renovación y por los compromisos historiográficos.

             Brotarán nuevas líneas de investigación si pensamos con nuestra propia cabeza: considerando que nada histórico nos es ajeno; avanzando mediante el mestizaje y la convergencia de los métodos y de los géneros; llenando los odres viejos con vino nuevo, desde la biografía hasta microhistoria; prestando atención a las necesidades científicas y culturales, sociales y políticas, de una sociedad sujeta a una profunda transformación.

             La historiografía del siglo XXI precisa de la ilusión y de la realidad de enfoques auténticamente innovadores si no quiere quedar convertida, como la mujer de Lot, en una estatua de sal.

 

            IV. - Interdisciplina

            La nueva historiografía que proponemos ha de acrecentar la interdisciplinariedad de la historia, pero de manera equilibrada: hacia adentro de la amplia y diversa comunidad de historiadores, reforzando la unidad disciplinar y científica de la historia profesional; y hacia afuera, extendiendo el campo de las alianzas más acá y más allá de las ciencias sociales clásicas.

            Es menester tender puentes que comuniquen el vasto archipiélago en que se ha convertido nuestra disciplina en las últimas décadas. Al mismo tiempo, la historia ha de intercambiar métodos, técnicas y enfoques, además de con las ciencias sociales, con la literatura y con la filosofía (de la historia y de la ciencia, sobre todo), por el lado de las humanidades, y con las ciencias de la naturaleza, por el lado de las ciencias. Sin olvidar las disciplinas emergentes que tratan de las nuevas tecnologías y de su impacto transformador en la sociedad, la cultura, la política y la comunicación.

             Aprendiendo de experiencias pasadas, tres son los caminos que hay que eludir, en nuestra opinión, para que la interdisciplinariedad enriquezca a la historia: 1) perseguir una imposible "ciencia social unificada" alrededor de cualquiera otra disciplina, sin menoscabo del máximo desarrollo interdisciplinar tanto individual como colectivo; 2) hacer del diálogo historia-ciencias sociales la receta mágica de la "crisis de la historia", que nosotros entendemos como cambio de paradigmas; 3) diluir la historia en tal o cual disciplina exitosa, como nos proponen hoy en día los narrativistas extremos en relación con la literatura.

 

            V.- Contra la fragmentación

            El fracaso de la "historia total" de los años sesenta y setenta abrió la vía a una fulgurante fragmentación de temas, métodos y escuelas, acompañada de crecimiento y caos epistemológico, que pareció detenerse en los años noventa y resulta cada vez más anacrónica en el mundo que viene, basado en la interrelación y la comunicación global. 

            Nuestra alternativa es avanzar, en la práctica historiográfica, nuevas formas de globalidad que hagan converger la investigación histórica atravesando espacios, géneros y niveles de análisis.

             Para hacer posible una historia a secas, integral, hay que experimentar, pues, iniciativas de investigación que adopten lo global como punto de partida, y no como "horizonte utópico": líneas mixtas de estudio en cuanto a fuentes y temas, métodos y especialidades; incorporación a la historia general de los paradigmas especializados más innovadores; combinar enfoques cualitativos y cuantitativos; articular temporalidades (que engloben presente y futuro) y escalas diversas; escrutar la globalidad a través de conceptos y métodos, aún potencialmente abarcantes, como mentalidad y civilización, sociedad, red y cambio social, narración y comparación, y crear otros nuevos; indagar la historia mundial como un nuevo frente de la historia global; servirse de las nuevas tecnologías para trabajar a la vez con escritos, voces e imágenes, juntando investigación y divulgación; impulsar la reflexión y el debate, la metodología y la historiografía, como terreno común a todas las especialidades históricas y punto de contacto con otras disciplinas.

 

            HISTORIOGRAFÍA

            VI. -Tarea historiográfica

            Sabiendo como sabemos que el sujeto influye en los resultados de la investigación, se plantea la necesidad de indagar al propio historiador en aras de la objetividad histórica. ¿Cómo? Procurando integrar los individuos en grupos, escuelas y tendencias historiográficas, implícitas y explícitas, que condicionan, se quiera o no, la evolución interna de la historia escrita. Estudiando a los historiadores y a las historiadores por lo que hacen, no sólo por lo que dicen; por su producción, no sólo por su discurso. Aplicando, con matices, tres conceptos clave de la historia de la ciencia pospositivista: el ‘paradigma' como conjunto de valores compartidos; la "revolución científica" como ruptura y continuidad disciplinar; la ‘comunidad de especialistas' por su poder decisorio, a su vez condicionada por el entorno social, mental y político. Practicando, en conclusión, una historiografía inmediata que procure ir por delante de los acontecimientos históricos que inciden en los cambios historiográficos que estamos viviendo.

 

            VII.- Historiografía global

            El agotamiento de los focos nacionales de renovación del siglo XX ha dado paso a una descentralización historiográfica inédita, impulsada por la globalización de la información y del saber académico y superadora del viejo eurocentrismo. La iniciativa historiográfica está hoy más al alcance de todos. El auge, por ejemplo, de una historiografía latina crítica y de una historiografía poscolonial, lo demuestran. Las comunidades transnacionales de historiadores, organizadas en Internet, juegan ya un papel importante en la formación de nuevos consensos en detrimento del anterior sistema de dependencia de unas historiografías nacionales de otras y de intercambios académicos elitistas, jerárquicos y lentos.

             No entendemos la globalización historiográfica como un proceso uniformador, pensamos y ejercemos la historia, y la historia de la historia, como docentes e investigadores, en diferentes ámbitos superpuestos e interrelacionados: local, regional, nacional, continental e internacional/global.

 

            VIII.- Autonomía del historiador

            Conforme los proyectos colectivos del siglo XX fueron entrando en decadencia, sin ser todavía reemplazados por un nuevo paradigma común, ha crecido de manera exagerada la influencia del mercado editorial, de los grandes medios de comunicación y de las instituciones políticas, en la escritura de la historia, en la elección de temas y métodos, en la formulación de hipótesis y conclusiones, con un sentido cada vez más evidente de promoción de la vieja historia de los "grandes hombres".

             Recuperar la autonomía crítica de los historiadores y de las historiadoras respecto de los poderes establecidos para decidir el cómo, el qué y el por qué de la investigación histórica nos exige: reconstruir tendencias, asociaciones y comunidades que giren sobre proyectos historiográficos, más allá de las convencionales áreas académicas; utilizar Internet como medio democrático y alternativo de comunicación, publicación y difusión de propuestas e investigaciones; observar la evolución de la historia inmediata, sin caer en el presentismo, para captar las necesidades historiográficas, presentes y futuras, de la sociedad civil local y global.

 

            IX.- Reconocer tendencias

            La vía más nociva para imponer la propia tendencia historiográfica, normalmente conservadora, es negar que existan o que deban existir tendencias historiográficas. El imaginario individualista, los compartimentos académicos y las fronteras nacionales, ocultan lo que tenemos de común, muchas veces sin saberlo o sin decirlo: por formación, lecturas, filiaciones y actitudes. Somos partidarios y partidarias, en consecuencia, de sacar a la luz las tendencias actuantes, más o menos latentes, más o menos organizadas, para clarificar posiciones, delimitar debates y facilitar consensos. Una disciplina académica sin tendencias, discusión y autoreflexión, está sujeta a presiones extra-académicas, con frecuencia negativas para su desarrollo. El compromiso historiográfico consciente nos hace, por lo tanto, libres frente a terceros, rompe el aislamiento personal, corporativo y local, favorece el reconocimiento público y la utilidad científica y social de nuestro trabajo profesional.

 

            X.- Herencia recibida

            Nos oponemos a hacer tabla rasa de la historia y de la historiografía del siglo XX. El reciente retorno de la historia del siglo XIX hace útil y conveniente rememorar la crítica de que fue objeto por parte de Annales, el marxismo y el neopositivismo, aunque justo es reconocer también que dicho "gran retorno" pone en evidencia el fracaso parcial de la revolución historiográfica del siglo XX que dichas tendencias protagonizaron. El imprescindible balance, crítico y autocrítico, de las vanguardias historiográficas no anula, por consiguiente, su actualidad como tradiciones necesarias para la construcción del nuevo paradigma. Porque simbolizan el "espíritu de escuela" y la militancia historiográfica, así como el ejemplo de una historia profesional abierta a lo nuevo y al compromiso social, rasgos primordiales que habremos de recuperar ahora en otro contexto académico, social y político, con unos medios de comunicación muy superiores a los existentes en los años sesenta y setenta del ya pasado siglo.

 

            XI.- Historiografía digital

            Las nuevas tecnologías están revolucionando el acceso a la bibliografía y a las fuentes de la historia; desbordando las limitaciones del papel para la investigación y la publicación; posibilitando nuevas comunidades globales de historiadores. Internet es una poderosa herramienta contra la fragmentación del saber histórico si se utiliza de acuerdo con su identidad y posibilidades, esto es, como un forma interactiva de transmitir información instantánea de manera horizontal a una gran parte del mundo.

             Según nuestro criterio, la historiografía digital ha de seguir siendo complementada con libros y demás formas convencionales de investigación, difusión e intercambio académicos, y viceversa. Este nuevo paradigma de la comunicación social no va a reemplazar, en consecuencia, las actividades presenciales y sus instituciones seculares, pero formará parte de una manera creciente de la vida académica y social real.

             La generalización de Internet en el mundo universitario, y en el conjunto de la sociedad, así como la educación informática de los más jóvenes irán imponiendo esta nueva historiografía como factor relevante de la inacabada transición paradigmática entre el siglo XX y el siglo XXI.

 

            XII.- Relevo generacional

            En la segunda década de este siglo tendrá lugar un considerable relevo generacional en el cuadro de profesores e investigadores a causa de la jubilación de los nacidos después de la II Guerra Mundial. ¿Supondrá esta transición demográfica la consolidación de un cambio avanzado de paradigmas? No lo podemos asegurar.

             La generación del 68 fue más bien una excepción. Entre los estudiantes universitarios actuales contemplamos parecida heterogeneidad historiográfica e ideológica que el resto de la academia y de la sociedad. Podemos encontrarnos con historiadores e historiadoras mayores que siguen siendo renovadores, y jóvenes con conceptos decimonónicos del oficio de historiador y de su relación con la sociedad. Nuestra responsabilidad como formadores de estudiantes que serán mañana profesores e investigadores es, a este respecto, capital. Nunca fue tan crucial continuar explicando la historia con enfoques avanzados -también por su autocrítica- desde la enseñanza primaria y secundaria hasta los cursos de posgrado. La historia futura estará condicionada por la educación que reciben aquí y ahora los historiadores futuros: nuestros alumnos.

 

            TEORÍA

            XIII.- Historia

            Es esencial para el historiador pensar el tema, las fuentes y los métodos, las preguntas y las respuestas, el interés social y las implicaciones teóricas, las conclusiones y las consecuencias, de una investigación.

             Somos contrarios a una "división del trabajo" según la cual la historia provee de datos y otras disciplinas reflexionan sobre ellos (o escriben relatos de amplia difusión). Las comunidades de historiadores profesionales tienen que asumir su responsabilidad intelectual tratando de completar el ciclo de los estudios históricos, desde el trabajo de archivo hasta la valoración y reivindicación de su impacto en las ciencias sociales y humanas, en la sociedad y en la política.

             El aprendizaje de los estudiantes universitarios de historia en cuestiones de metodología, historiografía, filosofía de la historia y otras disciplinas con base teórica, es el camino para elevar la creatividad futura de las investigaciones históricas, subrayar el lugar de la historia en el sistema científico y cultural y fomentar nuevas y buenas vocaciones historiográficas.

             Nuestra meta es que el historiador que reflexione intelectualmente haga trabajo empírico, y que el historiador que investiga con datos concretos piense con alguna profundidad sobre lo que hace, obviando así la fatal disyuntiva de una práctica (positivista) sin teoría o de una teoría (especulativa) sin práctica. Una mayor unidad de la teoría y la práctica hará factible, por lo demás, una mayor coherencia de los historiadores y de las historiadoras, individual y colectivamente, entre lo se dice, historiográficamente, y lo que se hace, empíricamente.

 

            XIV.- Fines de la historia

            La aceleración histórica de la última década ha reemplazado el debate sobre el "fin de la historia" por el debate sobre los "fines de la historia".

             Asumiendo que la historia no tiene metas pre-establecidas y que, en 1989, dio comienzo un profundo viraje histórico, cabe preguntarse, también desde la historia académica, adónde nos lleva éste, quién lo conduce, en favor de qué intereses y cuáles son las alternativas.

             El futuro está abierto. Es responsabilidad de los historiadores y de las historiadoras ayudar a que los sujetos de la historia construyan mundos futuros que garanticen una vida libre y pacífica, plena y creativa, a los hombres y mujeres de todas las razas y naciones.

             Las comunidades de historiadores han de contribuir pues a construir una "nueva Ilustración" que, aprendiendo de los errores de la historia y de la filosofía, piense teóricamente sobre el sentido del progreso que hoy demanda la sociedad, asegurando a las grandes mayorías del Norte y del Sur, del Este y Oeste, el disfrute humano y ecológico de los avances revolucionarios de la medicina, la biología, la tecnología y las comunicaciones.

 

            SOCIEDAD

            XV.- Reivindicar la historia

            El primer compromiso político de los historiadores debería ser reivindicar, ante la sociedad y el poder, la función ética de la historia, de las humanidades y de las ciencias sociales, en la educación de los ciudadanos y en la formación de las conciencias comunitarias. La historia profesional ha de combatir aquellas concepciones provincianas y neoliberales que todavía pretenden confrontar técnica con cultura, economía con sociedad, presente con pasado, pasado con futuro.

             Los efectos más notorios de las políticas públicas de desvaloración social de la historia son la falta de salidas profesionales, el descenso de las vocaciones y los obstáculos a la continuidad generacional. Las comunidades de historiadores debemos aceptar como propios los problemas laborales de los jóvenes que estudian y quieren ser historiadores, cooperando en la búsqueda de unas soluciones que pasan por la revalorización del oficio de historiador y de sus condiciones de trabajo y de vida, en el marco de la defensa y desarrollo de la función pública de la educación, la universidad y la investigación.

 

            XVI.- Compromiso

            En tiempos de paradójicos "retornos", queremos constatar y alentar la "vuelta al compromiso" de numerosos académicos, también historiadores, en diversos lugares del mundo con las causas sociales y políticas vinculadas a la defensa de valores universales de educación y salud, justicia e igualdad, paz y democracia. Actitudes solidarias indispensables para contrarrestar otros compromisos académicos con los grandes poderes económicos y políticos, mediáticos y editoriales. Contrapeso vital, por lo tanto, para conjurar una virtual escisión de la escritura académica de la historia respecto de las mayorías sociales que financian con sus impuestos nuestra actividad docente e investigadora.

             El nuevo compromiso que preconizamos es diverso, crítico y con anhelos de futuro. El historiador y la historiadora han de combatir, desde la verdad que conocemos, aquellos mitos que manipulan la historia y fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de clase, género, etnia. Resistiendo, desde el conocimiento del pasado, los futuros indeseables. Cooperando, y rivalizando, con otros científicos sociales y humanistas, en la construcción de mundos históricamente mejores, como profesionales de la historia, pero también como ciudadanos.

             La relación del historiador con la realidad que nos rodea pasa por su análisis en un contexto temporal continuo. Si se acepta que la objetividad de la ciencia de la historia es inseparable de la subjetividad (plural) del historiador, debemos concluir que no existen grandes diferencias cualitativas entre una historia inmediata y una historia mediata, entre una historia más contemporánea y una historia más antigua. Todo es historia, si bien cuando más nos distanciamos de lo actual mayor es la carga que recae sobre nosotros, historiadores, por ausencia de las disciplinas más presentistas.

 

            XVII.-Presente y futuro

            Nuestro objeto de estudio (hombres, mujeres y medio natural humanizado) está evidentemente en el pasado, pero nosotros estamos en el presente, y estos presentes están preñados de futuros. El historiador no puede escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido, y de su fluir permanente.

             Contemplamos varios niveles en la relación del historiador con la inmediatez histórica: compromiso social y político, tema de investigación, historiografía de intervención o criterio metodológico general para la investigación. Hace medio siglo que los fundadores de la escuela de Annales lo formularon: "comprender el pasado por el presente, comprender el presente por el pasado". Hoy es preciso, además, poner el mismo énfasis en la interrelación pasado/futuro.

             La caída de la filosofías finalistas de la historia, sean socialistas sean capitalistas, ha puesto de relieve un futuro más abierto que nunca. El historiador ha de asumir un papel en su definición con sus experiencias y argumentos históricos, con hipótesis y apuestas desde la historia. Edificar el futuro sin contar con la historia nos condenaría a repetir sus errores, a resignarnos con el mal menor o a edificar castillos en el aire.

 

            XVIII.- Nuevo paradigma

            La historiografía depende de los historiadores y de la historia inmediata. El cambio de paradigmas historiográficos que venimos proponiendo, desde 1993, cabalga sobre los cambios históricos acelerados iniciados en 1989. Entre diciembre de 1999 (Seattle) y julio de 2001 (Génova) hemos observado los comienzos de un movimiento global sin precedentes, contra los estragos de la globalización, que busca ya alternativas de sociedad: el pensamiento único es ahora menos único. Son muchos los que califican de cambio de civilización la globalización y sus críticos, la sociedad de la información, la nueva revolución científico-tecnológica y el movimiento social global: no es fácil entrever lo que nos depara el mañana pero hay razones para la esperanza. Todos debemos colaborar.

             Historia a Debate es parte activa de este proceso transformador: queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a cambiar la historia humana. Según evolucione el debate historiográfico, y la historia más inmediata, nuestras propuestas recibirán más o menos consenso académico, las variaremos o no según interese, si bien hay planteamientos que, aun siendo por el momento minoritarios, nos parecen ineludibles para condicionar críticamente el nuevo paradigma en formación: el conjunto plural de valores y creencias que va a regular nuestra profesión de historiador en el nuevo siglo. Por todo ello, la historia nos absolverá, esperemos.

 

            En la Red a 11 de setiembre de 2001

 

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Actualizada en septiembre  2004