| |
Alumnos
de la Carrera de Sociología | FCS - UBA
Sociología General - Práctico 10
"Comparación: cancha
de fútbol y de Rugby”
Kevin Wierzbinsky, Shirly
Lerch, Ignacio Agustín Zalazar
Profesores: Carla del Cueto y
Matías Bruno
INTRODUCCION
El objetivo de este trabajo es mostrar las diferencias
que se encuentran en el ambiente del Fútbol y el Rugby de
Primera División en Argentina. Diferencias que buscamos desde
la forma de llevar adelante el juego por parte de los jugadores
y la tribuna, como así también la diferencia de opiniones
de la tribuna misma respecto a temas sociales como ser la discriminación
y la violencia dentro y fuera del deporte.
Haremos hincapié en estos últimos puntos tratando
de exponer el contenido de los discursos que tiene tanto la hinchada
del Fútbol como la del Rugby. Sus convicciones y sus contradicciones.
Cuando nos propusimos comenzar el presente trabajo, se nos presentaron
una serie de objetivos, pero al enfrentamos con el primer trabajo
de campo, que se llevó a cabo en el sector llamado “popular”
de la cancha de fútbol de Racing, concluimos que era mejor
cambiar de dirección.
En un principio optamos por comparar las conductas sociales de los
espectadores de fútbol y de los de de Rugby. Para ello diseñamos
una encuesta, la que contenía preguntas como cuál
era la edad del entrevistado, su trabajo, estudios realizados y
motivos de las deserciones en cada instancia, entre otras. Con éstas,
nuestro objetivo era hacer hincapié en la reproducción
del sistema, en las dificultades que se les presentaban a las clases
más bajas para poder concurrir a las universidades (basándonos
en el libro de Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron, “Los
Herederos”), y comparar las conductas de las distintas clases
presentes en cada uno de los partidos.
No obstante, en el primero de los lugares visitados, descubrimos
una serie de contrastes que nos llamó la atención:
notamos una cierta hipocresía entre la opinión de
los entrevistados en forma individual y la opinión de éstos
en conjunto, las que se manifestaban en las canciones cantadas por
la hinchada, por ejemplo en el tema que concierne a la discriminación.
Pudimos observar cómo, en éste como en otros temas,
lo que los entrevistados veían como “la respuesta correcta”
(por ejemplo hablar mal de lo que está mal visto socialmente)
se contradecía con lo que realmente pensaban y lo cual “salía
a la luz” posteriormente.
Asimismo ahondamos en su opinión acerca de personas de clases
inferiores a ellos, y la relación con sus superiores en el
ámbito laboral. Además, nos pareció interesante
conocer la opinión de personas pertenecientes a la clase
media y clase baja acerca del significado de la palabra “explotación”,
como también el contraste con lo que opinaban de sus situaciones
laborales, plasmado, por ejemplo, en el “auto-convencimiento”
de los mismos en que no habían viajado al exterior del país
sólo porque no habían querido.
Entonces, en un comienzo, quisimos comprobar que el sistema es injusto
desde su base, que la permeabilidad de una clase en otra es irreal,
pero terminamos conociendo el pensamiento imperante de la gente
analizada: miembros de todas las clases, en ambas canchas deportivas,
coincidieron en que cuanto más uno se esfuerza, mejores son
los resultados que obtiene, y viceversa.
Por último, como aspecto relevante, notamos que todos los
entrevistados coincidieron en cuanto al sentimiento de pertenencia
a un equipo y que mostraban, también, ser nacionalistas.
Si bien, desarrollaremos todos éstos ítems, incluyendo
citas de los interrogados, posteriormente, destacamos lo antes dicho
ya que fueron los temas que decidimos alterar a lo largo del presente
trabajo.
DESCRIPCIÓN DEL LUGAR: ESTADIO DE FUTBOL
El primer sitio analizado por nosotros al iniciar esta
observación contrastante fue el Estadio de Racing Club de
Avellaneda, cuyo nombre formal es “Estadio Presidente Juan
Domingo Perón”. Fue fundado en el año 1951 y
“construido” por dicho ex general y presidente argentino.
Sin embargo, es popularmente reconocido como “El Cilindro”
(aludiendo a la característica forma en la que fue construida).
Dicho recinto está dividido principalmente de manera horizontal,
obteniéndose en consecuencia dos bandejas, las cuales circundan
el terreno de juego y solo se dividen por ser “de arriba o
de abajo”. Toda la parte inferior corresponde al ámbito
denominado “popular” o “general”. Por el
contrario, la superior pertenece a las plateas, con la excepción
de una pequeña porción denominada “general sin
adicional”. Si bien el precio para asistir al sector más
accesible está fijado en $14 en todas las canchas del Fútbol
Argentino de Primera División, aquí nos encontramos
con una particularidad: para acceder a la inferior (siempre considerando
un simpatizante no-socio del club), se debe agregar a ese monto
mínimo, $6 más.
La partición, de manera generalizada, en dos sectores no
es menor: los precios de la general, como dijimos, no superan los
$14 para hombres, los $7 para mujeres, y los $4 para “niños”
(menores de 12 años); en cambio, al hablar de las plateas
debemos hacer una nueva fragmentación: existen 6 sectores
diferentes, que van desde los $35 hasta los $70 para los no socios,
de $15 a $50 para los socios y de $20 a $40 para los menores. Por
supuesto que no es sólo una división en sectores,
sino también en clases sociales dentro del estadio. Si bien
pudimos observar mucha gente que “viven bien y no les falta
la plata”, según ellos, en la popular, es algo inusitado
ver un individuo de pocos recursos económicos en una platea,
y lo mismo de un “barra brava”. De la misma manera,
no es igual la frecuencia con la que cada uno de hinchas de cada
sector acude a la cancha y mucho menos la que lo hace en condición
de visitante. Ambas son cuestiones de “orgullo” y de
“diferenciación” por parte de los habituales
a las zonas inferiores del “Cilindro”.
Racing Club es considerado uno de los cinco clubes “grandes”
(denominación un tanto arbitraria y fragmentadora que se
utiliza para seccionar los clubes en el Fútbol Argentino)
junto con Boca, River, San Lorenzo e Independiente. Justamente con
éste último mantiene una rivalidad muy fuerte, originada
en la cercanía de sus estadios: solamente los separan 200
metros al uno del otro, lo que los convierte en el famoso “clásico
del barrio”.
Entre las cosas de las cuales se “enaltece” el club
podemos mencionar haber sido siete veces consecutivas campeón
en la época amateur, lo que le propinó el apodo “La
Academia”, con el cual los hinchas hacen referencia a su club,
primer tricampeón nacional (´49-´50-´51,
época en que los torneos duraban un año entero, a
diferencia del torneo semestral que se utiliza en la actualidad),
primer campeón intercontinental de la Argentina (1967), primera
hinchada que llenó dos canchas un mismo día (27 de
Diciembre de 2001, al consagrarse Campeón del Torneo Argentino
luego de una larga sequía de 35 años). Éste
dato no es menor, ya que como veremos, el rol que ocupa y que hace
ocupar la hinchada dentro del club es considerablemente alto.
Creemos conveniente detallar brevemente cómo está
constituida la (particular) dirección de Racing Club. En
efecto, es el único club de Primera División que no
tiene Presidente, sino que está “gerenciado”.
Es decir, una empresa (“Blanquiceleste S.A”) es la que
tiene el control tanto futbolístico como financiero de la
gran parte de los recursos que se generan. No es un dato menor aclarar
que la gran mayoría de los hinchas se oponen (y vimos la
manifestación violenta de ello en la cancha) a este tipo
de conducción empresarial-privada, ya que “Racing es
de la gente, no de los dirigentes”, entonarán miles
de voces entre insultos y agravios hacia los máximos directivos.
El Ingreso
El día Sábado 4 de Noviembre de 2007 asistimos al
denominado “clásico” (enfrentamiento entre dos
“grandes”) entre Racing Club de Avellaneda y Boca Juniors,
el club que posee más aficionados y socios dentro de la República
Argentina. El inicio del juego estaba fijado para las 17:10 hs.
Nuestra entrada en la Ciudad de Avellaneda se produjo a las 15:20
hs. Mientras íbamos arribando al Estadio (primero atravesando
el Puente Pueyrredón y luego por la Avenida Belgrano), pudimos
observar el caos de tránsito provocado por las 55.000 mil
personas que colmarían “El Cilindro”. Autos con
banderas de los dos clubes, micros “escolares” con hinchas
saliéndose por las ventanas, “cantando” (gritando)
y moviendo sus manos al unísono (en dichos móviles
es donde suelen arribar las “barra bravas”).
Al bajar del colectivo nos comunicaron que las entradas estaban
agotadas, pero por suerte las habíamos adquirido “anticipadas”
dos días antes. Antes de realizar el efectivo ingreso al
estadio, tuvimos que pasar por tres controles policiales: en el
primero, cinco uniformados montados a caballo intentaban “ordenar”
la enorme masa de gente que se aglomeraba en esa primera zona. Se
escuchaba “tranquilos así entran rápido”,
a lo que hinchas contestaban con insultos como “´canas´
de mierda, déjennos entrar”. El segundo fue más
leve: una simple revisión de nuestras ropas y bolsos, con
la previa separación entre hombres y mujeres (recordemos
que nuestro grupo está conformado por dos del primer género,
y una del segundo) ya que está prohibido que a una persona
de sexo femenino la revise un hombre y viceversa. El tercero, una
verificación de las entradas y un nuevo reconocimiento de
nuestras prendas y mochilas, que, una vez terminado, permitía
el ingreso físico real al Estadio Presidente Juan D. Perón.
Estos controles tienen el objetivo de evitar el ingreso de los simpatizantes
y barra bravas (vale la pena la distinción entre unos y otros;
sin embargo, y paradójicamente, estos últimos no suelen
ser revisados tal como nos comentaron algunos de ellos mismos dentro
de la cancha) con elementos hirientes tales como armas de fuego,
armas blancas, botellas de plástico o vidrio, encendedores,
etc. Pudimos comprobar la particularidad de que no revisan a todos
por igual, sino por lo que denominamos informalmente “portación
de cara”. En nuestro caso, no fuimos inspeccionados demasiado:
a pesar de tener que abrir nuestros bolsos, cuando nos preguntaron
que llevábamos dentro, respondimos “cuadernos de la
facultad, jefe”, a lo cual nos hicieron pasar instantáneamente.
Como pudimos averiguar de parte de un agente policial, estos registros
no se llevan a cabo con tal rigurosidad en la totalidad de los partidos,
sino que ésta se acrecienta en estos partidos considerados
“peligrosos” por el organismo que se encarga de la seguridad
en las canchas del Fútbol Argentino.
De esta manera, nuestra entrada efectiva se produjo a las 16:15
hs. Teníamos decidido, tanto acá como en el posterior
partido de Rugby, asistir a la “popular” ya que creemos
que es donde podíamos encontrar mayor variedad de espectadores
(como dijimos, no todos pueden pagar una platea de $70 cada partido)
donde está la barra brava y los simpatizantes que suelen
considerarse “verdaderos hinchas” poniendo en duda a
los plateístas. También nos interesaba observar ese
conjunto de hinchas reconocidos como “pesados” o “barras”
y sus mecanismos de dominación, si es que los había,
hacia el resto de los simpatizantes, así también la
opinión de estos últimos sobre los primeros.
La Salida
El encuentro culminó con una derrota del equipo local (del
que nosotros estábamos siendo parte temporalmente) por 3-0.
Los ánimos no eran los mejores, y pudimos observar personas
que se quedaban tiradas en el piso mucho rato después de
terminado el partido, porque, según ellos mismos, estaban
muy mal, muy tristes. Fuimos los últimos en irnos del estadio
porque nos quedamos entrevistando a uno de ellos justamente, al
cual antes de interceptarlo lo vimos subido al “para-avalanchas”
(infraestructura de hierro que hay en las populares para evitar
amontonamientos al producirse las “avalanchas”, generalmente
cuando hay un gol o una situación de gol muy clara) señalando
al sector visitante, donde ya no había una sola persona,
gritando insultos y visiblemente molesto.
Salimos del Estadio a las 20:10 horas, y nos encaminamos hacia la
Avenida Mitre para subirnos a un colectivo que nos trajera a Capital
Federal. La misión, en un principio simple, no resultó
serlo: una enorme masa de gente cubría dicha Avenida, y los
colectivos hacían caso omiso al pedido de la gente de que
frenen para subirlos. Luego de un tiempo, uno de esos móviles
frenó, pero el ingreso al mismo no fue para nada simple:
la gente comenzó a golpear la puerta trasera del colectivo
para ingresar por esa parte (sin abonar pasaje alguno, por supuesto).
Sin embargo, el chofer no hizo caso. Pasados unos pocos minutos,
y mientras la gente hacía fila para entrar por delante, estos
individuos lograron abrir la parte trasera, y el ascenso al medio
vehicular se nos vio facilitado. Completamente apretujados, regresamos
a Constitución, de donde cada uno de nosotros emprendió
viaje hacia sus respectivos hogares.
DISCRIMINACIÓN:
Sin duda alguna, lo que más nos llamó la atención
apenas realizado nuestro ingreso al campo, con la atenta escucha
a los cánticos que surgían de la parcialidad local
y una vez comenzadas las entrevistas, fue el altísimo grado
de discriminación que se escuchaba, en general agravios contra
la tribuna de Boca, una de las mas discriminadas en el Fútbol
Argentino por la creencia de que “son todos bolivianos y paraguayos”.
“En el Barrio de la Boca viven todos bolivianos/ que cagan
en la vereda y se limpian con la mano/El sábado en la bailanta
se van a poner en pedo/ y se van de vacaciones a las playas del
Riachuelo/ Hay que matarlos a todos mamá, que no quede ni
un bostero/
Hay que Matarlos a todos mamá, que no quede ni un bostero.”
Esta fue la canción que estaba “entonando” la
hinchada de Racing cuando ingresamos. Esto nos propinó una
herramienta fundamental para abarcar las entrevistas: ¿cuál
sería la opinión de la gente, de manera aislada, con
respecto a la discriminación y a estas “canciones”?
(En primer entrevista individual a un hincha de Racing, focalizada
en la discriminación)
-Nosotros: (…) ¿Edad?
-Marcos (camiseta de Racing, pantalón de Jean y Zapatillas
“topper de lona”): 22 años
-N: ¿Por dónde vivís?
-M: Palermo
-N: ¿Tenes viejos? ¿Son Argentinos ambos?
-M: Sí, no bolivianos como estos (señalando la hinchada
de Boca). No, pero igual está todo bien.
-N: ¿Qué opinas de la discriminación?
-M: La verdad me parece una pelotudes. O sea, discriminar al otro
porque tiene otro color de piel, le falta un diente, o porque vive
en otro lugar… O sea, me parece una boludes. Creo que todos
somos seres humanos, respiramos el mismo aire y para vivir necesitamos
lo mismo, alimentarnos… Es muy difícil explicarlo pero
me parece una boludes, no estoy de acuerdo.
Realmente nos llamó la atención esta primera atestiguación
que tuvimos, y nos surgió la incertidumbre de si se trataba
de un caso aislado o si se repetiría en muchos de los entrevistados.
Definitivamente, la segunda opción fue predominante. Si bien
una gran cantidad de “canciones” de la hinchada estaban
empapados de actos discriminativos y ofensivos, observamos que está
“mal vista” la discriminación al interrogar a
los sujetos en forma individual (ningún entrevistado nos
dijo que está a favor, todo lo contrario). Sin embargo, no
hace falta profundizar mucho en el tema para que salgan comentarios
racistas o xenófobos de la boca de los consultados.
(En una entrevista a dos hinchas llamados Marcelo -23 años-
y Cristian -27 años-, ambos con el torso desnudo, pantalón
corto de Jean y alpargatas y pantalón corto de Racing y alpargatas,
respectivamente)
Nosotros: -(…) ¿Qué opinas de la discriminación?
Cristian:- ¿Me grabas? Yo opino de la discriminación
que está mal, por eso no discrimino… Salvo a estos
bolitas de mierda. Lo tengo que largar, lo tengo que largar.
N:- ¿Por qué crees que estos “bolitas de mierda”
son diferentes a vos?
C:- Porque todos los que ves ahí (señala hinchada
de Boca), ninguno votó. De esas 2500 personas, que hay en
argentina, y no votó ninguno (sic). Entonces, no tienen opinión
en nuestro país. Eso, me parece, no es discriminar, sino
que ellos mismos se auto discriminan. Al no votar, se auto discriminan,
porque no eligen un representante para nuestro país.
N: - ¿Por culpa de quién crees que no votan?
C: - Por ellos mismos, porque yo tengo trabajadores… Yo soy
Jefe de Producción. Yo tengo 10 trabajadores que no saben
leer ni escribir. Yo les ofrecí a los 10 aprender a leer
y a escribir. No quisieron. Y ahora, votan a otro partido (nos había
comentado que él lo hizo por Cristina Fernández de
Kirchner en las últimas elecciones presidenciales del 28
de Octubre de 2007).
Nos parece importante señalar que Marcelo, el amigo del recién
expresado, aseguraba estar en contra de la discriminación
porque “somos todos iguales y no tenemos que discriminar”.
Sin embargo, casi en la finalización del encuentro, nos lo
volvimos a encontrar y, enojado, nos dijo: “Ustedes, Sociología,
grábenme ésto: (los de Boca) son unos bolivianos hijos
de re mil puta y ojalá que se mueran todos”. No es
preciso aclarar como esto concuerda con lo que observamos de que
está “mal visto” el hecho de discriminar, y por
lo tanto aceptar esta discriminación como correcta, pero
esto no implica, de ninguna manera, que esas personas que antes
se habían excusado en que “somos todos iguales”,
lo crean realmente.
Como vimos desde el inicio de la observación (fuera del estadio),
la discriminación está presente no sólo en
el pensamiento de los hinchas y sus cánticos, sino también
en el sector que cada individuo ocupa dentro de la cancha, y la
consecuente comodidad de la que gozan algunos, con butacas y baños
en mejores condiciones, por el contrario de los otros, sin butacas,
parados sobre escalones de cemento y con baños pequeños
(cuando si fuera por cuestiones de cantidad de gente, debería
ser al revés), y en condiciones no muy buenas; la intensividad
de los controles, ya que además de lo mencionado, los plateístas
“sufren” sólo el primero de los tres controles,
el que es para todos, pero no los otros dos posteriores.
Para finalizar con el análisis de este tema (en la cancha
de Racing) creemos importante destacar una de las canciones indudablemente
más frecuentes a lo largo del partido:
“Son la mitad más uno, son de Bolivia y paraguay/ Yo
a veces me pregunto, che negro sucio, si te bañas/ ¡Boca,
qué asco te tengo, lavate el culo con agua ras!”
DESCRIPCIÓN DEL LUGAR FISICO: PARTIDO DE RUGBY
El partido que fuimos a ver y a utilizar para nuestra observación
fue la final del Campeonato de Rugby de la URBA, acontecimiento
que los tuvo a Hindú Club y Alumni enfrentados, repitiéndose
la final que el año pasado que tuvo como campeón a
este último. El encuentro era en una cancha neutral, la de
Ferrocarril Oeste, en caballito.
Cuando fuimos a sacar la entrada, increíblemente, la chica
que las vendía nos preguntó si veníamos a realizar
un trabajo sociológico. Ante nuestro asombro aclaró
que era bastante evidente (no nos explicó los motivos aunque
le preguntamos como lo supo) y aclaró que ella era estudiante
de historia. Ella fue quien nos informó que se habían
vendido más entradas para Alumni, razón por la cual
decidimos ingresar al sector donde se alojaban los seguidores de
dicho club, que fue originariamente un club de fútbol, surgido
a principios del siglo pasado en el colegio English High School
de Buenos Aires y que alcanzó renombre por la excelencia
de su juego. Sin embargo, hace más de 55 años que
el deporte predominante que se practica allí es el Rugby.
Nuestras primeras observaciones no fueron para nada en vano: las
formas de vestir, de relacionarse en grupo, de hablar, y hasta la
predisposición ante nuestra presentación como estudiantes-investigadores-entrevistadores
eran claramente diferentes a lo que había sido el ámbito
futbolístico: gran cantidad de mujeres de edad avanzada (algo
que no pudimos observar de ninguna manera en el otro lugar observado)
con peinados que denominamos muy informalmente “de peluquería”,
carteras de cuero que aparentaban costos considerablemente altos,
algunas joyas que decoraban sus cuerpos; Mujeres de menor edad en
las que predominaban vestimentas “de marca”, botas de
cuero, polleras de jean y calzas por debajo. En los hombres este
tema era un poco más informal: observamos mucho pantalón
de jean y remeras o camisas, aunque también de marca, tal
vez no tan “llamativas”.
En la parte que corresponde a lo deportivo se pueden observar grandes
diferencias con respecto al fútbol, partiendo desde las opiniones
y las formas de ser de la tribuna, hasta la forma en que se desarrolla
el juego. A varios entrevistados les preguntamos qué significaba
el rugby como deporte, a lo que respondieron que el rugby significa
compañerismo, unidad entre los miembros del equipo, respeto
hacia el otro, y que lo más importante es poder formarse
uno como persona junto con los demás miembros del equipo.
El rugby “forma personas”. Todo esto es más importante
que solo pensar en ganar. Aseguraron que a diferencia del fútbol,
el rugby no se practica por dinero y esta condición lo mantiene
puro y limpio del negocio deportivo y la ambición de ganar.
A su vez remarcan el respeto al rival que no se puede encontrar
en el fútbol.
Aquellos jóvenes (entre 15 y 17 años) que practicaban
rugby en un club con la intención de llegar a la primera
división, estudiaban paralelamente en la secundaria y tenían
pensado seguir estudiando luego de terminarla y continuar simultáneamente
con su carrera deportiva en el rugby.
El ingreso
Llegamos a los alrededores del estadio a las 15:45. La cita deportiva
comenzaba, formalmente, a las 18:30.
Antes de entrar a la cancha pudimos ver unos micros que pasaron
llenos de fanáticos de Hindú. Algunos se encontraban
saltando en el techo y varios estaban disfrazados y pintados de
“pitufos” con los colores de hindú (azul y amarillo).
Aquí también tuvimos que pasar controles antes de
ingresar, pero con la particularidad de que prácticamente
(y sin intención de exagerar) fuimos los únicos revisados.
Luego de deshacernos de una bebida que no nos dejaban llevar con
nosotros (al igual que en la cancha de fútbol, está
prohibido el ingreso con botellas de cualquier material), entramos
y observamos la popular con banderas de Alumni y una gran concentración
de gente en el centro de la hinchada, alentando a su equipo. Del
lado de enfrente se podía observar a los hinchas de hindú
y su “barra brava” de pitufos.
Las canciones que cantaron durante todo el partido fueron de aliento
a su equipo, estas canciones no contenían letras de agresión
al rival ni discriminación de ningún tipo. Nos resulta
interesante destacar que en cuatro momentos, antes de empezado el
juego y mientras éste estaba en marcha, el núcleo
de personas ocupantes del centro de la hinchada, proponía
una versión coreada del Himno Nacional Argentino. Creemos
encontrar un posible paralelismo entre estos hechos y la enorme
difusión mediática y pública que tuvo la manera
de afrontar dicho Himno por la Selección Argentina de Rugby
(Pumas) en el reciente Mundial de Rugby 2007. Una infinitud de medios
se hicieron eco de las lágrimas de los jugadores al entonarlo
y provocaron un gran impacto en los medios encargados de transmitir
tanto ese hecho deportivo (las fotos y videos de estos “emotivos”
momentos son una clara muestra de ello), como en los posteriores
debates acerca de “por qué los jugadores de fútbol
no sienten de esa manera el Himno”.
Al momento de salir los equipos a la cancha, primero lo hicieron
los jugadores de Hindú, corriendo a gran velocidad por toda
la cancha demostrando explosividad y fuerza, atributos que caracterizan
a este club de rugby y que se buscan en sus divisiones inferiores.
Luego llegó el turno de los de Alumni, que salieron todos
trotando juntos recorriendo la cancha y formando una figura de cuadrado,
demostrando el orden y la unión que caracteriza a dicho club.
Apenas empezó el encuentro comenzó una tormenta muy
fuerte que hizo que algunos hinchas se fueran a refugiar bajo techos
y toldos, mientras que otros se quedaran alentando. Algo importante
a destacar del encuentro es que al momento que el equipo de Hindú
logro un penal a su favor la hinchada rival (o sea, en la que nosotros
estábamos) se encontraba gritando y chiflando, ante lo cual
un jugador de Alumni se dio vuelta y les pidió que se callaran
para que su contrincante pudiera ejecutar dicho penal tranquilo.
Ante nuestra atónita mirada, la hinchada respondió
con un silencio absoluto. Se nos ocurrió una ficcional situación
similar en el otro ámbito analizado: “imaginate que
la semana pasada (aludiendo al encuentro Racing-Boca) Palermo va
a patear un penal, y el arquero de Racing le pide a la hinchada
que no lo insulte para que se pueda concentrar (el ejecutante)”
dijo uno de nosotros, de manera claramente sarcástica.
La salida
Al terminar el encuentro con la victoria de Hindú (todos
los puntos fueron por penales, no hubo tries) los hinchas de Alumni
aplaudieron la victoria de su rival, que festejaron con disfraces
de elefantes, cantando y tirándose al barro generado por
la gran cantidad de lluvia que había caído.
La desconcentración del público fue ordenada y tranquila.
DISCRIMINACIÓN
A diferencia de la cancha de fútbol, en el partido de Rugby
no pudimos observar cánticos discriminadores y/o de violencia.
Y, al igual de lo que sucedía en el público de la
primer cancha, pudimos comprobar que está claramente “mal
vista” la discriminación. Pero, como también
nos había pasado unos días atrás, no hacía
falta mucha profundización en el tema para que el entrevistado
saque a la luz determinados pensamientos con un considerable contenido
discriminatorio.
(En una entrevista a Federico, 15 años. Vestido con remera
y camisa rosa arriba, pantalón jean con un cinturón
que lo mantenía por debajo de la cintura, zapatillas Nike
azules, auto considerado de “clase media-alta”.)
Nosotros:- (…) ¿Qué opinas de la discriminación?
Federico:- ¿Discriminación en cuanto a qué?
¿A negro, judío y eso?
N:- Sí
F:- Mirá, yo no discrimino. Para nada. De hecho tengo amigos
judíos, tengo amigos negros, tengo amigos… (Duda) de
lo que sea, porque para mí son amigos, son personas y somos
lo mismo. No me jode juntarme con ninguno. Mientras que no empiecen
a molestar. Quizá los que me joden son los negros, pero los
negros de alma… los forros… pero los de color y eso,
jamás.
N:- ¿Y a quiénes describirías como “negros
de alma”?
F:- Y, a esos… a los que son negros barderos. A los que salís
por la calle y van y te quieren pegar por el sólo hecho de
ser un chetito (haciendo con los dedos la señal de las comillas)
para ellos, o por el hecho de tener el pelo para el costado. No
sé… o los que van y rompen, o los que van y afanan
porque no tienen otra cosa que hacer.
Creemos que es más que claro que, aunque encubierto (y no
tanto) este discurso presenta un altísimo grado de racismo,
especialmente hacia los negros. El consultado no se está
refiriendo a los “blancos de alma” como las malas personas,
sino a los “negros de alma” como los que pegan, los
que rompen y los que roban. Es evidente que esta asociación
está hecha hacia los negros, y la justificación de
que no se discrimina por el color superficial, sino el supuesto
color del alma no es más que un acomodamiento ante lo que
anteriormente detallábamos (está mal visto discriminar,
pero esto no implica, ni mucho menos, que no se lo haga; sí,
por el contrario, que se lo trate de esconder o justificar).
Al realizar la consulta sobre este tema en particular a otras personas
frecuentadoras de este deporte, la gran mayoría coincidía
con que hay discriminación porque ésta invade todos
los ámbitos y lugares, pero que está considerablemente
lejos de la que hay en el fútbol. Al preguntarles cuál
creían que era la razón, la respuesta general fue
que al Fútbol asiste otro tipo de gente. ¿Que otro
tipo de gente? Gente sin educación. Claro que en su discurso
adherían a la creencia de que todos tienen las mismas oportunidades
de tener una educación digna, con la diferencia que algunos
padres hacen lo “correcto” (mandan a sus chicos a estudiar)
y otros, lo “incorrecto” (los mandan a limpiar los vidrios
de los coches y a pedir monedas en los subtes). Tal vez Bourdieu
y su libro “Los herederos” pudieran darle una buena
respuesta a esa clase de pensamientos que sólo intentan aumentar
las diferencias (ya bastante amplias) con otras clases “inferiores”,
mientras formalmente plantean una igualación legitimadora
de sus posiciones y “logros”: “todos somos iguales
porque todos tenemos las mismas posibilidades de serlo”, podría
ser la breve síntesis de este razonamiento (si es que así
le podemos llamar).
CONSUMOS: FUTBOL Y RUGBY.
Los frecuentadores del fútbol consumen en gran cantidad
hamburguesas, choripanes y garrapiñadas y Gaseosas, adquiridas
dentro de la cancha. En otro aspecto, observamos un relativamente
alto consumo de cigarrillos de marihuana y otros tipos de drogas
no tan identificables por su olor, pero que los propios hinchas
nos comentaron. Varias canciones se hacen eco de este tema, siempre
considerándolo un aspecto positivo y digno de resaltar (“Rojo
vos no tenés huevos, no te la bancas sin fierros/ Sos igual
que San Lorenzo, sos cagón/ Y aunque no demos la vuelta,
Racing siempre es una fiesta, la locura de la droga, el descontrol”).
Por último, de los individuos entrevistados en este sitio
mencionado, una gran cantidad aseguró no leer ningún
diario de manera periódica, otros se inclinaron por el diario
“Olé” (contiene únicamente información
deportiva), mientras que otros lo hicieron por “Clarín”,
y en menor medida, por “crónica”.
En el otro deporte, los consumos eran considerablemente diferentes.
Nos sorprendió una heladera, del estilo de los quioscos,
de la que se podían comprar helados marca “frigor”.
Juntamente con este artefacto, un pequeño negocio ofrecía
galletitas, alfajores y gaseosas.
No pudimos observar ningún tipo de consumo de drogas no permitidas
(no sabemos si la hay, simplemente no la atestiguamos y todos los
entrevistados declararon no consumirlas).
Con respecto a los periódicos leídos con mayor frecuencia,
la gran mayoría respondió por el diario “La
Nación”, mientras que otros, muchos menos, lo hicieron
por Clarín.
EXPLOTACIÓN. FUTBOL Y RUGBY
Una de las cosas más interesantes que notamos al
realizar las entrevistas, en ambas canchas, fue la opinión
acerca del significado de la palabra explotación, en clara
referencia a los trabajos y relaciones laborales.
En la cancha de rugby obtuvimos el siguiente testimonio de un joven
de 18 años, llamado Juan Martín, estudiante de abogacía
en una universidad privada, y sin ocupación laboral
Nosotros: (…) -¿Qué es para vos la explotación?
Juan Martín: Es gente que se abusa de otra, explotar a gente
en el trabajo por ver que uno es superior y a la persona que es
más pasiva, la puede dominar y la puede explotar, sabiendo
del punto de ignorancia del otro, que uno lo puede explotar siendo
más inteligente.
N:- ¿Quiénes crees que tienen más probabilidades
de ser explotados?
J.M.: - Los que no tienen estudios, los que vienen de una clase
más baja, que por ahí hasta son gente respetuosa,
muy educada pero… ser ignorantes por así decirlo, no
es una mala palabra, siempre el tipo que es más inteligente
es más abierto, y puede llegar a explotar a otro…
Esta es una parte de un diálogo, pero que nos pareció
bastante representativa de las respuestas que recibimos en general
en la cancha de rugby, en las que nosotros entendimos que en la
mayoría de los casos (en realidad todos los que logramos
consultar), los entrevistados veían a la explotación
como algo malo, un tanto inevitable, y que solo lo efectúan
unos pocos “inteligentes” sobre otros “no tan
inteligentes”, de clase baja, y sin educación, tanto
la que refiere al sistema escolar como la propinada por la familia.
Otro tema relacionado a la visión de la explotación
es que la mayoría tenía una opinión muy positiva
acerca de sus jefes. Tres entrevistados, de sexo masculino (entre
25 y 35 años), empleados de una empresa, dos de ellos con
posesión de estudios secundarios terminados (intentaron hacer
el CBC de contabilidad y medicina pero dejaron por el trabajo) y
el restante sin finalizarlo, coincidían en que ellos eran
muy “laburadores” que nunca faltaban y siempre cumplían
al pie de la orden y por ello tenían posibilidades de ascenso,
pocos problemas y sabían que jamás serían explotados.
(En una entrevista en la cancha de fútbol, José, 30
años, dejó el CBC por cuestiones laborales)
Nosotros:- (…) ¿De qué laburás?
José:- “Yo ahora laburo en una empresa grande, en Peugeot
y me llevó re bien con mi jefe de personal, ´ta todo
bien, yo laburo todo lo que me piden, nunca falto, siempre estoy
ahí cumpliendo y ellos entonces me cumplen a mi y además
sé que en una empresa así grande, seria, tengo mucha
má´ posibilidades de ascender y tener un mejor sueldito”
N:- Y Por qué crees que tu jefe tiene ese puesto
J:- Vos lo tenés que conocer el chabón es un groso,
posta sabe de todo eh.”
Creemos que el discurso de estos empleados era que la ecuación
entre esfuerzo, conocimiento y resultados funcionaba, como si las
limitaciones de clase no existieran.
Otro entrevistado de 27 años, ante nuestra pregunta sobre
qué opinaba de la explotación, respondió: “yo
opino que está mal, pero a mi no me van a venir a buscar
para explotarme, porque ello´ saben que soy de clase media.
Y buscan a los bolivianos, gente más ignorante, a mi no me
pueden explotar.”
Nos sorprendió que el tema de la explotación, para
el 100% de los entrevistados de las dos canchas, se trataba de una
situación especial que no se da en general, ni mucho menos
en el seno de las relaciones de trabajo cotidianas. Esto lo notamos
más claramente en la cancha de fútbol, donde la mayoría
de las respuestas acerca de la explotación nada tenían
que ver con los entrevistados, a pesar de ser empleados.
Si bien establecimos muchas diferencias en los discursos en cada
cancha, lo sorprendente son las similitudes o coincidencias de los
mismos acerca de este tema en particular. Todos estuvieron de acuerdo,
directa o indirectamente, en que los explotados son menos inteligentes
y de clase baja, como si fueran, según nuestra opinión,
factores complementarios. Ninguno mencionó algún tipo
de acercamiento a que las relaciones laborales pueden esconder de
por sí explotación de unos (clases más altas)
sobre otros (clases más bajas) como base para el funcionamiento
de nuestro sistema. La herramienta que encuentran todos para legitimar
el sistema se llama “inteligencia” y es de carácter
innato, azaroso, e inmodificable. Nadie piensa que el azar está
en la clase socioeconómica de nacimiento, (ni que las clases
tienen una permeabilidad compleja por las trabas escondidas), si
no en ese “don” llamado inteligencia que decide nuestra
vida.
MACHISMO: FUTBOL Y RUGBY
En la cancha de fútbol, pudimos notar en muchos
ámbitos este tema, desde lo institucional hasta los cánticos.
El costo de la entrada a la popular, $20 para hombres y $7 para
mujeres, ¿Discriminación que termina favoreciendo?
¿Acaso el club quiere fomentar la presencia de las mujeres
en la cancha? ¿O quieren decir que es más valiosa
la presencia de un hombre que la de una mujer? Desconocemos los
motivos por los cuales esto funciona así, pero sin duda alguna
marca una diferencia notoria. En la cancha de Rugby no había
diferencias entre los costos de entradas entre hombres y mujeres.
En la cancha de fútbol, los cánticos más comunes
están relacionados con lo “macho” que es una
hinchada, “los huevos” que tiene, la cantidad de veces
que se “cagó a piñas” y que el otro equipo,
el “cagón”, huyó. Lo que las canciones
aspiraban era a ser masculinos, violentos y mancársela:
“Viniste a los quinchos, tiraste unos tiros/ y con uno menos,
te fuiste a (hospital) Fiorito/ Vos arreglaste con la policía/
Vos no te sacaste, la chapa de ortiva/ Sos cagón, sos cagón”
NIVEL DE ESTUDIOS: FUTBOL Y RUGBY
De los entrevistados en la cancha de fútbol, menos
del 15% asistieron en alguna instancia de su educación a
instituciones privadas, y solo el 20% estaban cursando o habían
terminado estudios terciarios, no-universitarios. Por el contrario,
en la cancha de rugby, más del 70% habían asistido
en algún momento a educación privada y el 50% tenía
ya títulos universitarios.
Entre los seguidores del fútbol, notamos que la mayoría
de los entrevistados tenían o habían tenido aspiraciones
de seguir sus estudios, más allá del nivel al cual
habían llegado. Quienes no habían terminado el secundario
tanto como quienes habían iniciado estudios universitarios,
se vieron obligados a abandonarlos ya que les resultaba arduamente
cansador trabajar y estudiar, al mismo tiempo.
En la cancha de rugby todos los entrevistados mayores de 18 años
estudiaban o habían terminado, carreras entre las que predominaban
ampliamente las de derecho o administración de empresas.
Entre dicha edad y los 25 años, ninguno trabajaba ni consideraba
esto como una necesidad, dando por entendido (sin aludir si nosotros
nos consultábamos) que era mantenido por los padres. Ninguno
había abandonado estudios, y todos tenían el secundario
realizado completamente.
Creemos haber notado que todas las personas entrevistadas poseían
el deseo de continuar formándose en el área académica,
pero en los casos en los que el trabajo se presenta como una necesidad
(en las clases más desfavorecidas), se ven obligadas a elegir
entre una actividad o la otra, optando por la más “urgente”,
por así llamarlo.
En síntesis, nos enfrentamos con personas que suponían
que es mejor (en términos de salidas laborales) estudiar
que no hacerlo, pero por cuestiones económicas se vieron
obstaculizados. En la cancha de rugby la naturalización del
no-trabajo hasta los 26 años nos llamó la atención:
los entrevistados asumen como algo normal que, por el hecho de ser
aún estudiantes secundarios, terciarios o universitarios,
no realicen ningún tipo de trabajo.
CONCLUSION
Mientras que en la hinchada de Fútbol se puede encontrar
un alto grado de discriminación o violencia, ya sea por la
forma colectiva de actuar de la tribuna o por algunas opiniones
individuales de los entrevistados, la hinchada del Rugby se manifiesta
de maneras más tranquilas y respetuosas pero al entrevistar
a sus hinchas se puede encontrar un discurso un tanto hipócrita
si se analizan bien los discursos que proponen (ejemplo: “en
el fútbol hay violencia porque los sigue `otra clase de gente´,
luego de afirmar que no discriminan). A través de este trabajo
se afirmaron o eliminaron prejuicios que poseíamos, y esperamos
hayan quedado expuestos los motivos en las observaciones y entrevistas
que realizamos.
|