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Práctico
N°10 | Viernes de 19 a 21 hs. | 2do. cuatrimestre de 2003
Objetivos y determinaciones a tener en cuenta para realizar la
observación:
La observación se desarrollará en el Hospital José
T. Borda en el que compararemos dos servicios de Enfermedades infecciosas
B. Uno de ellos es el servicio de Terapia regular B1 y el otro de
Terapia regular B3; si bien ambos trabajan con pacientes crónicos,
el segundo es un servicio de Rehabilitación Psicosocial que
tiene como objetivo la reinserción en la sociedad y la externación
de los pacientes. Este servicio consta con talleres que tienen distintas
actividades funcionando de lunes a viernes por la mañana,
mientras que el servicio B1 no cuenta con talleres o actividades
organizadas por el servicio y, en caso de que alguna se realice,
son desarrolladas por voluntarios.
Nuestro objetivo es ver las diferencias que se producen en las personas
que están en los servicios, ya sea los pacientes o el personal
que ahí trabaja, haciendo hincapié en cómo
utilizan el espacio y en la interacción entre los internos
entre sí y con el personal. Para esto, tomaremos en cuenta
los siguientes elementos que dicen algo sobre la estructuración
del espacio social: formas de hablar; tipo de vestimenta y características;
tipo de relación con el cuerpo; descripción de elementos
del espacio físico y bienes que puedan decir algo sobre el
lugar social; algún tipo de consumo observado; maneras de
referirse a "otros" sociales, superiores o inferiores.
Nos proponemos concurrir a ambos servicios en días de semana
durante la mañana y la tarde, para apreciar si las diferencias
que pudiéramos encontrar se mantienen a lo largo del día
o sólo en el momento en que funcionan los talleres.
Descripción del espacio físico:
El Hospital José T. Borda está
ubicado en el sur de la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de
Barracas. Éste está en la manzana que comprende las
calles Dr. Ramón Carrillo, Perdriel, Brandsen y Av. Amancio
Alcorta. La entrada del hospital está localizada en la calle
Dr. Ramón Carrillo 375. Cabe destacar que el Borda linda
con el Hospital Infanto-Juvenil Tobar García y se encuentra
próximo a los mismos el Hospital neuropsiquiátrico
Dr. Braulio Moyano.
Las medianeras del hospital están conformadas por paredones
de, aproximadamente, tres metros de altura. En la entrada hay una
garita de seguridad con dos personas de vigilancia y una barrera
que permite el acceso de autos al mismo. En el ingreso al mismo
hay un playón de estacionamiento y, a los costados, dos edificios
a medio construir y abandonados. Atravesando este playón,
se encuentra el hall de entrada desde el que se accede a la guardia,
a la farmacia y a las oficinas administrativas. Pasando este hall,
nos encontramos con un patio en donde hay una cafetería,
bancos de plaza en los que suele haber pacientes sentados o durmiendo,
y dos baños públicos. Desde este patio accedemos a
otro sector del edificio. En él encontramos aulas en algunas
de las cuales se dictan clases de la materia Salud Mental de la
carrera de Medicina de la UBA, carteleras en las que hay información
relativa a dicha materia, un departamento de Estadística
y escaleras que comunican a servicios. Hacia el final del corredor,
llegamos a una calle interna arbolada que comunica con los distintos
pabellones del hospital.
A modo de descripción general, el hospital tiene una cocina
central situada en un edificio de una sola planta, que proporciona
la comida (desayuno, almuerzo, merienda y cena) para los, aproximadamente,
1.500 pacientes del mismo. Además, hay una iglesia católica
y otra más pequeña, recientemente construida, que
corresponde al culto evangelista. En uno de los parques hay una
cafetería pintada de colores. También cuenta con pabellones
conformados por distintos servicios, cada uno de los cuales posee
un jardín propio con bancos y mesas. En éstos podemos
observar la constante presencia de pacientes durmiendo, caminando
solos o reunidos en grupos pequeños. A estos pabellones se
accede por medio de calles internas rodeadas de parques.
El pabellón de Enfermedades infecciosas B se encuentra, en
relación con el edificio central, en el ala izquierda del
hospital. Previo a la entrada de este pabellón, hay un jardín
(delimitado por un paredón de medio metro de alto) que se
extiende a lo largo de todo el edificio, al que se accede por medio
de una rampa. El espacio posee gran cantidad de árboles y
arbustos; tres faroles y, en el centro del mismo, hay siete bancos
distribuidos en forma circular; un cartel indicando los nombres
de los servicios y los departamentos de oftalmología, neurología
y kinesiología que funcionan en este pabellón; y un
monumento.
En cuanto a la fachada del edificio, notamos que está deteriorado
y falto de pintura. A los servicios donde realizaremos la observación,
se ingresa por una de las puertas del pabellón. En la entrada
hay un ascensor en desuso y tapiado y una escalera que permite el
acceso a los servicios. En el primer piso se encuentra el servicio
de Terapia regular B1 y en el segundo el servicio de Terapia regular
B3.
Ambos servicios tienen la misma distribución de los espacios.
Al ingresar a los mismos, nos encontramos con un pasillo que comunica
los distintos ambientes. A uno de los costados de éste, hay
ventanales con vista al jardín. En un extremo, se encuentran
tres habitaciones que son para uso del personal. Una de ellas corresponde
a la oficina del jefe de servicio y las otras dos funcionan como
enfermería y lugar de reunión de la gente que allí
trabaja. Frente a la enfermería se encuentra una de las salas,
en donde están las camas de los pacientes con sus respectivos
armarios. Esta habitación, posee ventanales con vista al
jardín y está distribuida de modo que cada dos camas
hay una pared divisoria con una abertura. Enfrente de las camas,
hay dos puertas cerradas con candado y, hacia el final del espacio,
hay más camas. Al fondo está el baño, el cual
tiene en el centro los lavatorios, en un costado los sanitarios
y en el otro las duchas.
Al lado de la enfermería se encuentra la otra sala, la que
sólo se diferencia de la anterior en que las divisiones hechas
entre las camas son paredes de un metro y medio de altura y, además,
en que posee habitaciones realizadas en compartimentos separados
pero sin puertas. La cantidad de camas que tiene cada habitación
varía según el servicio, ya que en el de Terapia regular
B1 tiene dos camas y en el de Terapia regular B3 tiene una por pieza.
Siguiendo por el pasillo hacia el extremo opuesto, nos encontramos
con la cocina, la cual es una habitación pequeña en
comparación a las salas y contiene en su interior una heladera
y una cocina. Esta habitación es oscura y está bastante
deteriorada y sucia.
Con respecto al salón y al comedor, si bien la disposición
del espacio es la misma en los dos servicios, el uso de éste
es diferente. En el servicio de Terapia regular B1, el salón
se encuentra al término del pasillo y tiene un par de mesas
largas con sillas y dos ventanales con vista al jardín. Por
medio del mismo, se accede a los dos comedores en los que observamos
mesas y bancos largos, ventanales y un televisor en cada uno de
ellos, de los cuales sólo uno funciona. El servicio de Terapia
regular B3 posee un solo comedor, en donde hay mesas y bancos largos,
ventanales con vista al jardín, un televisor y una heladera.
Éste se encuentra situado en el lugar donde en el B1 está
el salón. Frente al comedor se ubica una habitación
en donde está la biblioteca y funciona el taller de "Tiempo
de tango". Este lugar se mantiene cerrado con llave y sólo
se tiene acceso al mismo cuando se realizan actividades.
Nos parece importante aclarar que algunas denominaciones que empleamos
para referirnos a ciertos espacios, son designadas por nosotros,
a fines prácticos, en función de la utilidad que cumplen
dentro de los servicios.
Elementos referentes a la estructuración
del espacio social:
Con respecto a las formas de hablar, no hay
un común denominador para los pacientes de la institución.
Sin embargo, muchos pacientes presentan dificultades para hablar
ya sea, como consecuencia de la medicación, en los casos
en los que notamos que los pacientes se babean o que tienen la boca
pastosa, también debido a que a algunos les falta gran parte
de la dentadura, o a otros motivos que desconocemos.
Otra de las características es que el acento de los internos
es variado ya que algunos proceden de otras provincias de la Argentina
y de otros países.
Es importante aclarar que, en general, los pacientes no hablan mucho
y que algunos utilizan otros recursos para comunicarse como por
ejemplo, la gestualidad o el contacto físico.
El tipo de vestimenta, si bien es variado, presenta como características
que la mayoría es recibida mediante donaciones por lo que
es raro observar que los pacientes utilicen ropa de marcas de moda
o reconocidas en el mercado; algunos utilizan ropa de talles más
grandes. Se puede apreciar que el estado de la ropa varía
de acuerdo al cuidado que le de el paciente, por este motivo muchos
de ellos tienen la ropa deteriorada y muy sucia e incluso algunos
no tienen calzado. Por su parte, los enfermeros están vestidos
con ambos azules o blancos, la jefa del servicio de Terapia regular
B3 con traje y los colaboradores de este mismo servicio con ropa
informal.
El tipo de relación que tienen con el cuerpo es, en general,
de abandono y descuido debido a la falta de higiene y de aseo personal.
Muchos pacientes tienen discapacidades motrices, trastornos de equilibrio
y temblores de brazos y manos.
El tipo de consumo característico que se observa son los
cigarrillos y el mate. A éstos, en general, los pacientes
acceden pidiendo, ya sea dinero o cigarrillos. Es notorio que algunos
pacientes al tomar mate, lo hacen con pajitas y con botellas de
agua fría.
En cuanto a la manera de referirse a "otros" sociales,
hay una clara distinción entre los pacientes con sus compañeros
y entre éstos con el personal que trabaja en el hospital
y con la gente que viene de afuera. Un ejemplo lo encontramos en
la forma de saludarse ya que entre ellos el saludo es sólo
verbal, mientras que a la gente externa al hospital la saludan con
la mano o con un beso.
Nos parece relevante mencionar que, en ocasiones, los pacientes
confunden a la gente que viene de afuera con el personal que trabaja
ahí. Por ejemplo, varias veces nos pasó que se nos
acercaran pacientes a preguntarnos si éramos licenciados
y nos saludaran con la mano. Con relación a ésto,
nos dimos cuenta que si veníamos en condición de tal,
el trato sería más distante.
Observación de los servicios realizada en cuatro visitas:
A continuación, nos proponemos detallar las visitas día
por día, con la intención de transmitir más
fehacientemente las diferencias que fuimos observando en el transcurso
de éstos a fin de que se refleje el enriquecimiento de la
observación.
Día N°1: miércoles 5 de
noviembre a las 10 a.m.
Se apreciaba mucho movimiento dentro del hospital y, al ingresar
al mismo, en la entrada del pabellón central había
varios puestos destinados a la venta de comidas, velas y jabones.
Cuando nos dirigimos hacia los servicios, vimos pacientes durmiendo
en el patio o caminando por el jardín y, en el ingreso a
éstos, notamos un mayor deterioro del edificio y las escaleras
que habilitaban para ingresar a los servicios estaban orinadas.
Primero fuimos al servicio de Terapia regular B1 y, al entrar, nos
acercamos a contarle al enfermero que veníamos a hacer una
observación y éste, por iniciativa propia, nos comentó
cómo era el funcionamiento del servicio; dijo que los enfermeros
se encargaban de despertar a los pacientes, darles la medicación,
una colación de alimento a media mañana y media tarde,
y bañarlos en caso de que sea necesario. El enfermero hizo
dos aclaraciones (una antes y otra después de realizar la
observación) de que el servicio se encuentra bastante deteriorado
por falta de insumos y presupuesto. En el rato en que estuvimos,
no estaba el jefe del servicio sino dos enfermeros. En un momento,
estábamos esperando en la puerta y vimos que se acercó
un paciente y le dijo al enfermero que él toma determinado
remedio, el enfermero le preguntó si estaba seguro y, cuando
el interno le respondió que sí, lo anotó en
un papel.
En los pasillos no había cartelera de actividad y el enfermero
nos comentó que si éstas se realizan, son hechas por
gente independiente del servicio y no gestionadas por el mismo.
En las dos salas estaban la mayoría de los pacientes acostados
o durmiendo. Éstos ni se percataron de nuestra presencia
en ellas. En una de las salas, nos llamó la atención
la cama de un paciente puesto que tiene su pieza armada. Hay fotos
de revistas pegadas, tiene su propio televisor, un armario más
grande que los que están localizados al lado de las otras
camas, una pila de diarios, plantas, una mesa,... El enfermero con
el que hablamos nos dijo que este paciente hace muchos años
había entrado por un caso de alcoholismo del que se recuperó
y hace tiempo está dado de alta; sin embargo, sigue viviendo
en el hospital. Recién ahora el paciente está desarrollando
una demencia senil.
En una cama vacía en la que no había nadie, hay escritas
inscripciones religiosas en la pared. También en el pasillo
central del servicio (frente a la enfermería), hay una inscripción
en la pared, a modo de reclamo, en la dice que falta un paciente
(el uruguayo) que es el delegado del grupo.
En la otra sala se encuentran, además de todas las camas
que están juntas, habitaciones con dos camas en compartimentos
separados pero sin puerta. Una de éstas tenía un cerramiento
hecho en la habitación con una frazada que funcionaba de
puerta.
Luego, subimos al servicio de Terapia regular B3 en el cual había
movimiento y apenas llegamos se nos acercaron a preguntarnos para
qué veníamos. Le explicamos a una enfermera que nos
comunicó enseguida con la jefa del servicio y, cuando hablamos
con ella, nos dijo que teníamos que conseguir una autorización
para hacer la observación. La jefa de este servicio es una
licenciada en Psicología, a diferencia del jefe del otro
servicio que es un psiquiatra. La jefa del servicio nos invitó
a participar de una charla de Ética y Salud Mental que se
estaba realizando allí. Se veía a todos abocados a
esa actividad.
Hay carteleras en las paredes del pasillo donde figuran los nombres
de todo el personal que ahí trabaja; un cartel que cuenta
la historia de creación de este servicio de Rehabilitación
Psicosocial a partir del año 2.000 y en donde aclara que
antes funcionaba un servicio de crónicos; un cartel con los
días y horarios del funcionamiento de un taller de tango
y otro de poesías. También hay un cuadro colgado en
la pared y poemas hechos por los pacientes expuestos en otra cartelera.
Los pasillos cuentan con algunos sillones y varias sillas.
Hablamos con un chico que estaba como organizador en el lugar y
nos contó que hay talleres en el servicio que funcionan todos
los días de la semana. Éstos son: el "Taller
de cuidados" que funciona los días lunes y jueves de
9:30 a 11 a.m.; el ciclo de "Poesía al Borda" los
segundos miércoles de cada mes de 10:30 a 12 del mediodía;
el taller de "Tiempo de Tango" que se realiza el segundo
y cuarto jueves de cada mes de 11 a 12 del mediodía; y el
"Espacio de experimentación creativa" los días
viernes de 9 a 12 del mediodía. En referencia al taller de
tango, comentó que eran clases coordinadas por un profesor
en las que se podía observar una mayor integración
de los pacientes. Este chico nos preguntó si estábamos
interesados en participar de algún taller.
No nos pudimos quedar en el servicio debido a que tuvimos que ir
a tramitar el permiso que nos acreditara a realizar la observación.
Para dicho fin tuvimos que redactar una carta que dejamos en la
correspondiente oficina administrativa y nos dijeron que llamáramos
dentro de dos días para darnos una respuesta.
Día N°2: jueves 13 de noviembre
a las 10:30 a.m.
En principio, queremos aclarar que llamamos al hospital dos días
después de dejar la nota para que nos autoricen la observación
pero, a pesar de haber explicado claramente, una y otra vez, el
motivo de la observación, el permiso no nos fue concedido
ya que hace un tiempo se realizó una investigación
en la que estaba involucrado un enfermero y, basándose en
ésta, le hicieron un juicio al hospital. Por eso, por el
momento no están otorgando más permisos a estudiantes
de ninguna índole.
Cuando ingresamos al hospital, vimos en el hall central a unas chicas
vendiendo comida. Al dirigirnos para los servicios, observamos que
había muchos más pacientes en el patio interno de
éstos, los cuales se encontraban tomando sol en un banco,
charlando en pequeños grupos o caminando por el jardín.
Primero, fuimos al servicio de terapia regular B3 y cuando entramos,
notamos que en el pasillo no estaban las carteleras que tenían
información sobre los talleres y sobre la historia del servicio.
Nos pareció que estaba distinto al primer día que
fuimos. Nos acercamos a hablar con la jefa del mismo para contarle
que no nos autorizaron el permiso. Le explicamos qué era
lo que veníamos a hacer y nos pidió que le hagamos
una nota dirigida a ella para que pueda tener una constancia escrita.
Igualmente, nos comunicó que estaba funcionando el Taller
de cuidados y nos acompañó al salón donde se
estaba realizando la actividad. Este taller se realiza en un salón
que tiene cuatro mesas rodeadas de sillas y un televisor. En la
pared hay dos almanaques hechos manualmente, uno dice la fecha del
mes y el día y el otro tiene tres carteles: uno dice cumpleaños,
otro fechas importantes, y el último que el 24 de diciembre
es Nochebuena. En una de las mesas estaban sentados casi todos los
pacientes que participan de la actividad, estaba la coordinadora
y una chica colaborando que se la veía más volcada
a ayudar a un paciente que le temblaban un poco las manos y le costaba
hacer la caja y envolver el jabón. Había pacientes
sentados en otras mesas o parados pero que no participaban de la
tarea; uno de ellos, sentado en la mesa de enfrente, fue invitado
a la actividad pero dijo que no, que él quería ser
empresario.
La coordinadora de este taller nos explicó un poco el funcionamiento
del mismo, dijo que hacía dos meses que estaba y que antes
se realizaba los lunes y ahora se agregó otro día
(los jueves). Tienen un cuaderno en donde escriben por día
la fecha, los nombres de los pacientes que participan y los pedidos
de jabones que les encargan. La coordinadora le dijo a un paciente
que nos explicara cómo se hacen los jabones y éste
nos contó el proceso que consta en cortar la cantidad de
jabón que se va a usar, ponerla a derretir en una olla a
baño María con un colorante y una esencia determinada,
luego colocar el líquido en moldes y dejarlo enfriar en la
heladera para poder desmoldarlo cuando esté listo. Este mismo
paciente, fue el encargado de escribir en el cuaderno y, para poner
la fecha, miró los almanaques que están colgados en
la pared. Cuando se estaba haciendo la hora de dar por finalizado
el taller un par de pacientes se encargaron de llevar todos los
moldes con los jabones a la heladera, en la cual pudimos ver que
tenía botellas con agua.
En un momento de la actividad se acercó un paciente a pedir
un libro de política de la biblioteca y la coordinadora del
taller le dijo que vaya el lunes. Cada paciente se ocupa de los
que le gusta y no hace lo que no quiere. Unos se encargan de producir
los jabones y otros de hacer las cajas con cartón coarrugado
y envolverlo. Nos llamó la atención que la mayoría
de los pacientes no nos pidieran cigarrillos y que tampoco estén
fumando. Incluso en un momento, la coordinadora del taller se prendió
un cigarrillo y dejó el atado arriba de la mesa, en consecuencia,
un paciente se acercó a pedirle uno pero ella le dijo que
no tenía.
Se acercó una coordinadora para invitarnos a un taller de
tango que empezaba a las 11 a.m. porque necesitaban chicas para
bailar. Fuimos y participamos del taller que se hizo en un aula
en el que hay dibujos colgados y bancos individuales de escuela.
El taller es coordinado por dos profesores, un hombre y una mujer,
y hay música y un chico filmando. Se veía que todos
los pacientes participaban con ganas y que es un taller interactivo.
La clase se desarrolló de la siguiente manera: primero, el
profesor mostraba un paso de tango que bailaba con la profesora
y después nos poníamos de frente, los chicos de un
lado y las chicas del otro; cada grupo practicaba el paso con el
profesor/a y después lo bailábamos en parejas. En
un momento, vinieron a avisar que estaba el almuerzo y la mayoría
se levantaron y se fueron a comer. Llegado el final de la clase,
se invitaba a los pacientes a que muestren en parejas lo que aprendieron
en el día y, a modo de cierre, se le dijo a un paciente que
cantara un vals.
Por momentos había pacientes que se acercaban y miraban desde
afuera, y cuando eran invitados a entrar, algunos lo hicieron y
otros no. Un paciente que parecía dubitativo estaba por entrar,
pero al final se quedó mirando desde afuera. Los profesores
tienen zapatos de hombre de varios talles para que los pacientes
que concurran al taller puedan usarlos. Un interno agarró
un par de zapatos y, después de ponérselos, se empezó
a ir del espacio hasta que la profesora le explicó que eran
para usarlos en la clase y, entonces, él se los sacó
y volvió a ponerse sus zapatillas.
Cuando salimos del taller estaban todos almorzando en el salón
donde se realiza el taller de cuidados y notamos que no hablaban
entre ellos. Después escribimos la nota para la jefa del
servicio y, puesto que ésta en ese momento no estaba, le
contamos a los coordinadores que se encontraban reunidos en una
habitación sentados en una mesa que estábamos viniendo
a realizar una observación para la facultad. Nos convidaron
con mate y la coordinadora del taller de tango dijo que le interesaba
que participáramos porque le faltaban chicas en el taller,
pero que si íbamos era a participar activamente y no a observar.
Más tarde bajamos al servicio de Terapia regular B1 para
recorrerlo un poco. Entramos a las salas y vimos que estaban casi
todas las camas ocupadas por los pacientes; sin embargo, aquí
hay que tener en cuenta que los internos acababan de almorzar. Hablamos
con el enfermero y nos dijo que era una lástima que no esté
el médico ya que él nos podía explicar mejor
el funcionamiento del servicio. Estaba la jefa de todo el sector
de Enfermedades infecciosas B. Más tarde nos encontramos
con el enfermero en el patio y nos dijo que la jefa de todo este
pabellón se había quedado en la prehistoria y que
era mejor hablar con el médico u otra persona.
Luego, bajamos al patio para escribir lo que observamos. En el banco
de al lado había dos pacientes sentados, uno de los cuales
estaba fumando un cigarrillo de tabaco muy largo (en comparación
con el tamaño de la mayoría de los cigarrillos de
paquete) hecho con papel de diario. En un momento un interno fue
a pedirle que le convidara y el primero le dio un poco de tabaco
y un papel de seda.
Se nos acercó la jefa del servicio B3 y nos contó
que es un servicio de Rehabilitación Psicosocial que está
hace tres años (antes funcionaba un servicio de crónicos)
y que fue fundado por ella cuando ganó el puesto por concurso.
Dijo que es importante que se acercara gente a participar de los
talleres y que es difícil hacer algo distinto a la estructura
de funcionamiento del hospital. Nos comentó que es complicado
trabajar con los enfermeros que ya están desde antes en el
hospital porque no ven bien que se les dé el alta a los pacientes
y que se los externara. Nos dio su tarjeta con los datos para que
la llamáramos si necesitábamos algo o le mandáramos
un e-mail. Nosotros le propusimos que cuando termináramos
el trabajo íbamos a venir a dárselo para hacer una
devolución y en forma de agradecimiento con el servicio,
ella se mostró interesada y nos contestó que puede
hacernos una devolución a nosotros cuando lo leyera y que
le sirve para ver cuál es nuestro imaginario social.
En el patio había personal de mantenimiento del hospital
barriendo y juntando las hojas junto con un par de pacientes que
estaban charlando con ellos y ayudándolos a realizar la tarea.
Día N°3: jueves 20 de noviembre
a las 10:30 a.m.
Cuando ingresamos al hospital, fuimos directamente al servicio de
Terapia regular B3. Al llegar, hablamos con un chico y le explicamos
que queríamos recorrer el servicio. Nos pidió que
aguardáramos cinco minutos y nos sentamos en un banco que
está en el pasillo. Un paciente con imposibilidades para
caminar se acercó a donde estábamos sentados, tomó
la lapicera de uno de nosotros e intentó escribir en un papel.
Luego, nos tocó a modo de caricia que notamos como una forma
de acercamiento o saludo hacia nosotros.
Al rato, la coordinadora de los talleres de tango y de poesías,
nos acompañó a recorrer el servicio. Entramos a una
de las salas y nos comentó que ésta había sido
refaccionada, en una de las paredes de la misma hay un dibujo colgado
y la coordinadora nos dijo que se proponían decorarla para
ponerla más linda. Estaba pintada recientemente y cuenta
con dos ventiladores de techo. A la entrada de la sala, ubicado
en un costado, hay un cuarto pequeño y sin puerta con una
mesa y dos sillas en donde estaban sentados hablando un psicólogo
con un paciente. Del otro costado de la entrada había dos
sillas de ruedas y en las ventanas pudimos ver ropa colgada. Había
dos pacientes en la sala, uno de los cuales nos ofreció mostrarnos
donde dormía refiriéndose a ese espacio como su pieza.
Después fuimos a la otra sala, la cual, contrariamente a
la anterior, se encuentra más deteriorada ya que la pintura
de las paredes está vieja y descascarada. Esta sala consta,
como en el servicio anterior, de habitaciones separadas pero sin
puerta, habiendo en cada una de ellas una sola cama con un armario
y algunas con mesa de luz. Había un paciente durmiendo.
El recorrido continuó en el salón donde estaba funcionando
el taller de cuidados en el que vimos prácticamente a los
mismos pacientes que participaron del taller el jueves pasado. Nos
llamó la atención que la coordinadora que nos estaba
acompañando en el recorrido, le pidió las llaves de
un aula a un paciente para poder mostrárnosla. Este paciente
es el mismo que la semana pasada durante el taller de cuidados,
ante una pregunta de la coordinadora dirigida hacia él, dio
información de los días que funciona la biblioteca.
Entramos al aula en la que hay mesas y muchas sillas, bancos individuales
de escuela amontonados en el fondo y dibujos pegados en la pared.
En un costado del lugar hay una biblioteca donde todos los libros
están separados por secciones. La coordinadora nos contó
que el espacio de biblioteca está abierto los lunes, miércoles
y jueves por la mañana.
Al volver a la entrada del servicio, nos mostró la cocina
desde afuera que tiene una heladera y una cocina que los pacientes
utilizan para calentar cosas. Notamos que este espacio se encuentra
muy deteriorado, desacomodado y sucio. También hay una habitación
de enfermería y, al lado, otra habitación con una
mesa grande y sillas en donde se encontraban reunidos la gente que
trabaja y colabora en el servicio. Observamos que en este servicio
hay una menor cantidad de pacientes que en el B1 e incluso hay menos
camas.
Algo realmente interesante es que cuando la coordinadora nos estaba
mostrando el servicio, se abrió una puerta en el fondo, al
final de la sala, que comunica a éste con el servicio del
segundo piso del otra ala del pabellón B. Nos quedamos charlando
un rato con los pacientes del otro servicio.
La coordinadora nos preguntó si necesitábamos hacerle
otra pregunta o charlar con las enfermeras, a lo que le respondimos
que no. Nos comentó que las enfermeras estaban desde antes
del año 2.000 trabajando en el servicio y ahora se acoplaron
al proyecto del mismo de externar a los pacientes que tengan esas
posibilidades. Con respecto a esto último, nos contó
que intentan acomodar a los pacientes grandes que quizás
tienen patologías orgánicas y cobertura social, en
algún geriátrico para que puedan salir del hospital
y tener una mejor calidad de vida; pero ésto se hace difícil
porque, a medida que pasan los años, los pacientes van construyendo
sus vidas ahí dentro y además debido a que afuera
"no los están recibiendo con los brazos abiertos".
Después, bajamos al servicio de Terapia regular B1 y nos
acercamos al enfermero con el que hablamos las otras veces. Nos
invitó a sentarnos y, charlando con él, nos dijo que
todo el ala A y B del hospital están más deterioradas
que el pabellón central que es el más vistoso. Como
ese mismo día había dos chicas estudiantes de Psicología
intentando hacer una actividad con los pacientes, le preguntamos
al enfermero y nos comentó que eran dos chicas que venían
antes a hacer un taller de lectura de diarios y que ahora estaban
viendo si empezaban a hacer otra actividad. También nos contó
que el servicio no tiene actividades funcionando pero que las podría
tener si se lo propone.
Fuimos a recorrer las salas en las que no había nadie debido
a que los pacientes estaban almorzando en los salones. El enfermero
nos dijo que en las salas hay poca ropa de cama porque pacientes
que habían estado antes en el servicio la robaron y el hospital
no la repuso.
Nos dirigimos hacia dos salones donde estaban almorzando y vimos
a un paciente comiendo solo en la entrada de uno de los mismos.
Aquí podemos apreciar una diferencia con el otro servicio
puesto que en el B3, almuerzan todos los pacientes en el mismo lugar
y en el B1 almuerzan en dos salones separados debido a que es mayor
la cantidad de pacientes que están en este último.
El almuerzo consistía en un pan, un plato con un pedazo de
carne y puré de batatas y una o dos naranjas por persona.
Un paciente, al vernos parados en la puerta del salón, se
acercó a pedirnos cigarrillos o monedas. Los internos estaban
agrupados en mesas de dos, tres y cuatro personas y no se notaba
que hablaran entre ellos. Varios pacientes se levantaron apenas
terminaron de almorzar y se fueron del salón en dirección
a las salas con el pan y una o dos naranjas en la mano.
Día N°4: miércoles 26 de
noviembre a las 17:30 p.m.
Llegamos y nos dirigimos al servicio de Terapia regular B1. Cuando
entramos, la enfermería estaba cerrada. Les preguntamos a
los pacientes si había algún enfermero en el piso
y nos respondieron que estaban solos debido a que la enfermera había
salido hacía un rato y volvía alrededor de las 18
p.m. a darles la medicación.
Realizamos un pequeño recorrido por el pasillo y notamos
que tanto la oficina del jefe de servicio como las dos habitaciones
de enfermería estaban cerradas. Ambas salas estaban oscuras
y con muchos pacientes en el interior. En una de éstas, la
mayoría de los pacientes estaban acostados, mientras que
en la otra estaban en movimiento y cuando nos vieron llegar, algunos
se acercaron a la puerta. Uno de los pacientes que se encontraba
recostado, al vernos, se incorporó y nos saludó. Desde
donde estábamos, no observamos pacientes parados mirando
por la ventana o caminando por el pasillo, como pudimos apreciar
en otras ocasiones.
Luego, subimos al servicio de Terapia regular B3 y la puerta de
entrada, de la cual no nos habíamos percatado anteriormente,
se encontraba cerrada. Intentamos abrirla empujándola suavemente,
dado que no tenía picaporte, pero no fue posible. Hay una
abertura a uno de los costados de la puerta por la que se asomó
un hombre que, al vernos, abrió y nos comentó que
los enfermeros no estaban y que para encontrarlos teníamos
que ir antes de las 17 o después de las 18:30 p.m. Nos preguntó
para qué veníamos y le comentamos que estamos realizando
una observación. Éste es un hombre mayor, con acento
italiano, al que le temblaban las manos. Nos quedó la duda
de si se trata de un interno o de una persona que estaba cuidando
el lugar.
Bajamos al jardín y pudimos observar la presencia de pacientes
sentados en los bancos. Dos de ellos estaban sentados juntos, mientras
que los demás se encontraban en bancos separados. En un momento
llegó un paciente y algunos de los internos lo saludaron
pronunciando su nombre. También llamaron a un paciente que
pasaba por el lugar para que se sume al grupo y éste aclaró
que se estaba por ir a bañar. Uno de los pacientes contó
que encontraron a dos internos juntos en el baño y una mujer
los denunció; agregó que uno de estos internos iba
a ser trasladado al servicio 20. Este servicio se encuentra en el
edificio central y está vigilado constantemente por una persona
de seguridad puesto que es un lugar en el que los pacientes están
por un plazo determinado, a modo de castigo, y del que no pueden
entrar ni salir libremente.
Cuando nos estábamos yendo, llegó un paciente con
un mate. Al dirigirnos a la salida, un interno se acercó
a pedirnos un cigarrillo.
Conclusiones
Todos los aspectos de la vida del paciente se desarrollan en el
mismo lugar y bajo la misma autoridad. Este tipo de instituciones,
a las que E. Goffman llama en su libro Internados instituciones
totales, tienen una tendencia absorbente y totalizadora simbolizada
por los obstáculos que se oponen a la interacción
con el exterior y a que los internos puedan irse, y que suelen adquirir
forma material de puertas cerradas, altos muros, etc. Dentro de
las instituciones totales, los hospitales psiquiátricos (siguiendo
al libro de este autor) están erigidos para cuidar de aquéllas
personas que, incapaces de cuidarse por sí mismas, constituyen
además una amenaza involuntaria para la comunidad. Debido
a ésto, podemos observar, como ya mencionamos anteriormente,
que el Hospital José T. Borda se encuentra al lado del Hospital
Infanto-Juvanil Tobar García y éstos están
próximos al Hospital neuropiquiátrico Dr. Braulio
Moyano; disposición que muestra el aislamiento por parte
del sistema y de la sociedad.
Al dar por finalizada la observación, nos dimos cuenta que
existen diferencias entre el servicio de Terapia regular B1 y el
de Terapia regular B3, debido a que este último, no sólo
cuando funcionan los talleres, sino permanentemente se encuentra
más organizado que el servicio B1. Mientras que en éste
todas las veces que fuimos dio la sensación de que podíamos
entrar y salir de él a nuestro antojo, en el B3 no pudimos
ingresar a ningún lugar del servicio sin autorización
y hasta el día en que fuimos a la tarde estaba la puerta
cerrada y alguien cuidando en la entrada. Igualmente, es necesario
aclarar que en ese momento, ninguno de los dos servicios contaba
con la presencia de enfermeros. Por otro lado, es notoria la diferencia
de personal existente en los dos servicios, ya que en el de Terapia
regular B1, nunca vimos al jefe del servicio y, por lo general,
había uno o dos enfermeros trabajando. En cambio, en el servicio
de Terapia regular B3 vimos todos los días que fuimos a la
mañana a la jefa del servicio, a las enfermeras, los coordinadores
de los talleres y gente que colabora.
Es importante recordar el hecho ocurrido el primer día de
la observación en el servicio de Terapia regular B1, en el
que el enfermero anotó en un papel la indicación que
un paciente le hizo sobre uno de los remedios que tomaba. Esto denota,
a nuestro juicio, una despreocupación por parte del enfermero
al momento de no tomar en cuenta la seriedad que implica dar una
medicación.
Con respecto a las actividades que funcionan en el servicio de Terapia
regular B3, notamos que éstas organizan la vida del interno,
le dan marcos de referencia, horarios a los que remitirse que les
permiten salir un poco de la atemporalidad en que viven. Un ejemplo
de ésto es el hecho de que en un salón de este mismo
servicio, se encuentren dos almanaques que indican las fechas importantes
y el día en el que se está. Como dicen P. Bourdieu
y J. C. Passeron en el libro Los estudiantes y la cultura: (...)"No
es el espacio sino el uso del espacio regulado y modulado en el
tiempo lo que proporciona a un grupo un marco donde integrarse".
En el taller de "Tiempo de Tango", podemos ver cómo
se estimula a los pacientes a interactuar entre sí y cómo
a través del aprendizaje, en el que se debe prestar atención
a las indicaciones del profesor y cooperar entre los pacientes para
llevar a cabo la tarea, éstos pueden lograr una posible integración
y llegar a salir por un rato del ensimismamiento en el que están.
Además, el aprender a hacer algo, el sentirse útiles,
hace que se revalorice el yo individual, que sientan que cumplen
una tarea, y ésto permite que ocupen un lugar y no que estén
internados a modo de depósito de gente. Por ejemplo, el paciente
del servicio de Terapia regular B3 que tiene la llave de un salón
donde está la biblioteca del servicio, tiene una función,
es el encargado de ocuparse de cuidar ese salón, de que nadie
entre y salga cuando quiera, etc. Otro ejemplo de esto es que en
el "Taller de cuidados", cada interno hace lo que le gusta
y, al mismo tiempo, los otros internos y las profesoras, reconocen
en él lo que es característico de esa persona al realizar
la actividad. Creemos que ésto sirve para recuperar algo
de su subjetividad de la que son despojados cuando ingresan a un
hospital psiquiátrico. Aquí podemos citar a E. Goffman
en el libro ya mencionado: "Muchas instituciones totales parecen
funcionar la mayor parte del tiempo sin otro propósito que
servir como depósito de internos, pese a que generalmente
se presentan ante el público (...) con uno de sus objetivos
formales frecuentes que es la reforma de los internos, de acuerdo
con un esquema ideal".
Los pacientes pasan la mayoría del tiempo sin nada para hacer,
encerrados y aislados en una situación de terrible abandono;
abandono de la familia, de la sociedad y del hospital que supuestamente
los tendría que rehabilitar. "A veces se les exige tan
poco trabajo que los internos, con frecuencia no habituados a los
pequeños quehaceres sufren crisis de aburrimiento" (Ibidem:
pág. 23). Nosotros pudimos observar que en la medida en que
los pacientes realizan actividades, fuman menos y no están
tan pendientes de pedir cigarrillos. Esto se debe a que los talleres
pueden funcionar como canalizadores de la ansiedad y a que contrarrestan
el aburrimiento.
E. Goffman considera que el agobio de arrastrar interminablemente
un tiempo muerto explica el alto valor que los pacientes le dan
a las actividades de distracción, capaces de inspirar un
interés y un entusiasmo que sacan al paciente de su ensimismamiento
y le hacen olvidar momentáneamente la realidad de su situación.
Tales actividades pueden ayudar al individuo a soportar la tensión
psicológica provocada por las agresiones contra el yo. A
la insuficiencia de estas actividades se debe uno de los más
importantes efectos de privación, propios de los hospitales
psiquiátricos.
El paciente que ingresa a un hospital psiquiátrico es despojado
de sus hábitos y costumbres cotidianas, de sus gustos, de
sus capacidades y ocupaciones, de sus posesiones y pertenencias
que le permitían controlar de algún modo el aspecto
que presenta ante los demás. Todo esto es acompañado
de los reemplazos que da la institución que revisten un carácter
impersonal, distribuidos uniformemente, indicando que a partir de
ese momento pertenecen en realidad a la institución. En definitiva,
al ingresar a la institución, sufren un proceso de desculturación.
En nuestro caso, pudimos notarlo en la falta de una vestimenta que
tenga características que identifiquen el yo individual,
lo que impide que el individuo se muestre ante los demás
con su imagen habitual.
El hecho de tener dormitorios colectivos y que los internos casi
nunca estén completamente solos, hace que estén constantemente
expuestos a la mirada de los demás lo cual impide la privacidad
del individuo. Incluso en la habitación del servicio de Terapia
regular B3, donde un psicólogo atiende a los pacientes, no
hay puerta que permita privacidad en el momento de las consultas.
En cuanto al objetivo central del servicio de Terapia regular B3
que es la rehabilitación psicosocial y la externación
de los pacientes, muchas veces se ve dificultado por la resistencia
que genera en la institución hacer algo diferente a la estructura
del hospital. Otra de las dificultades es que los internos, a medida
que pasa el tiempo, van construyendo sus vidas adentro del hospital
y, de existir la posibilidad de que se les de el alta, es muy complicado
que se reinserten en la sociedad debido a lo difícil que
se les hace conseguir un empleo y, en muchos casos, un lugar donde
vivir. A esto se le agrega que la desculturación que sufren
al ser internados en un hospital psiquiátrico, les significa
una inecuación con los parámetros de funcionamiento
de la sociedad. Un ejemplo de esta situación, es el paciente
del servicio de Terapia regular B1, quien, a pesar de estar dado
de alta, sigue viviendo en el hospital y tiene armada su pieza en
la sala donde todos duermen.
A modo de comentario final, queremos decir que abandonamos los prejuicios
que teníamos al comenzar el trabajo hacia un hospital psiquiátrico,
debido a que nos esperábamos encontrarlo más abandonado
de lo que está y a que humanizamos la imagen mistificada
del "loco" que teníamos, la cual distaba de lo
que nos encontramos en la realidad.
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