Hannah Arendt
 

   
 
   
 
 
A los amigos
No creáis al ligero lamento
cuando la mirada del apátrida
aún os rodee con pudor.
Sentid el orgullo con que el decir
más puro todavía todo oculta.
Percibid el temblor delicado
de la gratitud, de la lealtad.
Y sabed: siempre renovado
el amor dará.
Hannah Arendt
 
Por Virginia Maisonnave
 
No es fortuito el hecho de que comencemos a hablar sobre una de las intelectuales más importantes del siglo XX con un escrito poético. Toda la vida de Hannah Arendt estuvo enmarcada por un profundo amor a la humanidad y a la comprensión de sus miserias.
 
Nació un 14 de octubre de 1906 en Hanover, Alemania, en el seno de una familia judía. En 1924 se matriculó en la Universidad de Marburg, donde estudió filosofía. Fue Alumna y amante de Martin Heidegger y en 1929 obtuvo su doctorado con una disertación sobre la idea del amor según San Agustín.
 
En la década del '30, cuando el Nacional Socialismo llegó al poder en su país, Arendt militó en la Organización Sionista Alemana y realizó investigaciones sobre propaganda antisemita, por lo que fue arrestada por la Gestapo. Logró escapar a París y -luego que los alemanes ocuparan Francia- a los Estados Unidos.
 
Soy de las que opinan que si bien las vidas de los hombres nobles y transformadores están inspiradas en una constante búsqueda de "algo" que está más allá (acaso la felicidad? la ambición? el camino hacia la propia superación, tal vez?...) y que los estimula a no detenerse, siempre existen amarretes puntos de quiebre que orientan sus pensamientos y sus acciones hacia ciertos caminos.
 
Ese es el caso de Arendt: la instalación del poderío nazi será, a lo largo de sus obra, una preocupación constante por lo cual dedicó gran parte de su vida intelectual a tratar de entender las causas morales y políticas del surgimiento del Nazismo y otros regímenes autoritarios del siglo veinte.
 
Arendt vio la derrota de la política en la violencia totalitaria, organizada en Estados o desorganizadora de éstos. Pero a diferencia de los pensamientos conservador y marxista clásicos, entendió que el lugar propio de la política no era el aparato estatal sino la esfera pública y sus instituciones representativas. Por eso observó el peligro de su decaimiento bajo el dominio de las relaciones económicas de intercambio.
Sin embargo, la propensión a erradicar toda posibilidad de generar hechos nuevos en nuestra vida política, a "normalizar" la anomalía, desentenderse de los graves desequilibrios sociales y observar la contingencia como amenaza, es también un camino de dudoso destino. Un camino en el que incurren los analistas cuando, frente al acontecimiento imprevisto, buscan explicar por qué las cosas no podían sino ocurrir de ese modo. Y en el que se internan tantos funcionarios, políticos y economistas queriendo "poner en caja" las variables descontroladas de una realidad que siempre se rebela al determinismo implacable de las leyes de mercado.
 
Pero la posibilidad de que entre la oscuridad y las tribulaciones ocurra algo nuevo está siempre latente. Porque la política, antes que de los despachos y discursos, emerge de la pura capacidad de iniciar cosas que animan e inspiran a las actividades humanas.No es lo mismo, por otra parte, liberarse de la opresión y la necesidad en un instante que ser verdaderamente libres de manera duradera. La libertad exige instituciones jurídicas y políticas apropiadas, incluyendo un poder judicial independiente y una universidad libre, por ejemplo.El individuo pierde libertad cuando se masifica, pero también cuando se aísla en su vida privada. Solamente en la "polis" se adquiere, dice Arendt, "la facultad de ver realmente las cosas desde diferentes lados". Es la marca de identidad de un pensamiento abierto y pluralista "la capacidad de pensar poniéndose en el lugar de cualquier otra persona".
 
Por eso mismo, cuantos más puntos de vista desde los que examinar al mundo existan en un pueblo, apuntará, más grande y abierta será una nación.
 
En 1951, una década después de haber llegado a Norteamérica, publicó "Los Orígenes del Totalitarismo", el trabajo que la convirtió en una intelectual célebre durante los primeros años de la guerra fría.
 
El libro creó polémica al trazar paralelos entre el régimen nazi alemán y el stalinismo de la Unión Soviética. Según Arendt, el autoritarismo del siglo veinte, con sus campos de concentración y demás horrores, marcó un punto de ruptura en la propia historia europea. Los niveles de crueldad puestos en práctica por gobiernos genocidas sólo se habían imaginado en las descripciones medievales del infierno.
 
Siguiendo el corte de análisis de su primera-gran-obra, en 1958 publica "La Condición Humana". En ella, Arendt analiza la política con una perspectiva pluralista y rescata el antiguo concepto griego de política, que supone actuar entre otros en el ámbito de lo público. La acción humana significa el comienzo de algo y aparece en forma de "milagro", es decir que no está determinada por leyes históricas sino que depende de la iniciativa del sujeto. Los hombres son iguales y pertenecen a la misma especie; pero al mismo tiempo son distintos, cada uno tiene su "yo" particular. Es a través de la acción que los hombres expresan sus diferencias, demuestran que vienen al mundo a decir y hacer algo distinto; de esta forma, la autora otorga especial importancia a la idea de pluralidad. Y mediante la acción en conjunto surge el poder, que sólo pertenece a hombres reunidos y desaparece cuando éstos se separan. En este sentido analiza cómo la modernidad ha transformado la acción en conducta; y a la política en administración, con lo que pierde su carácter de creadora.
 
En 1961 aparece "Entre el pasado y el futuro" ("Between Past and Future"), pero es en 1963 que publica una de sus obras más controvertidas: "Eichmann en Jerusalem". En 1960 las fuerzas de seguridad israelíes habían capturado al oficial de las SS Adolf Eichmann en la Argentina, en un espectacular operativo, con posterioridad de habérselo vinculado e identificado como uno de los responsables de los traslados de seres humanos hacia campos de exterminio y concentración. Al año siguiente fue juzgado en Israel, donde Arendt trabajó como corresponsal para "The New Yorker". Sus artículos fueron revisados y agrandados para la publicación del libro.
En 1963 publica "Sobre la revolución". En esta obra, Arendt afirma que las revoluciones están compuestas por dos etapas: liberación y constitución. La primera consiste en acabar con el orden anterior, es la fase en que se utiliza la violencia. La segunda consiste en el establecimiento del nuevo orden. Muchas revoluciones fracasan por no llegar a esta segunda etapa. Por un lado, Arendt cita el ejemplo de las llamadas "revoluciones permanentes", donde se busca seguir avanzando indefinidamente en la revolución sin terminar de constituir la libertad. Por otro, están los casos en que el establecimiento de una nueva fuente de autoridad es consecuencia del fracaso de la revolución y no de su victoria.
 
Arendt concebía que en una revolución el pueblo debía dar al gobierno una ley madre, y no a la inversa. Se trata de fundar un nuevo orden, fundar la libertad en dos sentidos: formar un nuevo cuerpo político y crear una norma (constitución). En su trabajo Arendt le da un enorme mérito a la revolución norteamericana, donde la fuente de poder fue el pueblo, que logró acabar sus lazos con el Reino Unido; pero la fuente de autoridad fue puesta en la Constitución. Al mismo tiempo considera que la revolución francesa cometió el error de creer que la fuente de autoridad era el pueblo, la voluntad general. Pero como ésta es cambiante e inestable, no se pudo establecer un nuevo orden estable, y los gobiernos revolucionarios eran derrocados por otros constantemente.
 
En 1968 publicó "Men in Dark Times" e "Imperialism"; en 1969, "On Violence"; en 1972, "Crisis of the Republic" (una colección de ensayos hechos en los '60); en 1974, "Rahel Varnhagen: the life of a Jewish woman"; en 1978, "The life of the Mind" y "The Jew as a Pariah: Jewish Identity and Politics in the Modern Age".
 
El trayecto político intelectual de Arendt es importante (trabajó en las universidades más presitigiosas: fue profesora en Princeton (1959), Columbia (1960), Universidad de Chicago (1963-67) y en la New School of Social Research (1967-75)) pero creo que aún es de mayor notoriedad sus particulares postulados filosóficos o más bien "de vida".
 
Una mujer que se pregunta, "¿cómo es posible vivir en el mundo, amar al prójimo, si el prójimo -o incluso tú mismo- no acepta quién eres?", es aquella a quien le ocupa adentrarse, cotidianamente, en lo humano. Alguien que, desde la acción, va en busca de la comprensión; búsqueda que comienza con la vida y termina con la muerte.
 
No se trata, tampoco, de huir, más bien, de estar, de aprender, para un mejor abarcar y llegar a lo verdadero -en la acción, preferentemente pública- sin reticencias, a corazón abierto.
 
Sin embargo es en lo público donde el ser humano muestra, verdaderamente, su personalidad. En lo público y en el hoy, en el cotidiano existir...La facultad humana de crear este espacio del entendimiento es, a juicio de Arendt, el lenguaje, la comunicación y con ello no se refiere a palabras enigmáticas para los no iniciados, sino a "la capacidad de ser popular", de "hablar y escuchar".
 
Ante el dolor, Hannah exteriorizaba su pena, al tiempo que mantenía la porfía, cobijada en su esperanza activa, como bien dijera Erich Fromm, para con los otros, para con la gente común.
 
Cuando una persona piensa, activa la consciencia -despierta un diálogo interior- con lo cual cobra vida el ser interior que dialoga con nosotros y del que ya no se puede huir, salvo que dejemos de pensar, de reflexionar.
 
Si visitamos su obra "La vida del espíritu", encontraremos la siguiente advertencia: "Quien no conozca el intercambio silencioso en el que se examina lo que se dice y lo que se hace, no encontrará nada para contradecirse a sí mismo, lo cual significa que ni está capacitado para rendir cuentas sobre su discurso o su forma de actuar, ni desea hacerlo. Tampoco le importa cometer cualquier tipo de crimen porque puede contar con olvidarlo al minuto siguiente". Prosigue, estableciendo que: "Una vida sin pensar es muy posible; pero entonces no desarrolla su propio ser, y esto no es sólo un sinsentido, también es muy poco vital. Las personas que no piensan son como sonámbulas".
 
El castigo, diferente de la venganza, no se contrapone, para Arendt, a la posibilidad del perdón. Tanto el uno como el otro ponen término a algo que, de lo contrario, podría volverse interminable. Lo más importante, en todo caso, no es castigar o perdonar sino la capacidad de comprender lo que esta acción conlleva, y de evitar que la tragedia se repita.
 
Habiendo vivido en "carne propia" los padecimientos de la persecutoria a los judíos y la crueldad del régimen hitleriano Hannah sostenía, en una carta dirigida a Gershom Scholem, que "considero que el mal es siempre extremo, pero nunca radical, no posee profundidad ni dimensión demoníaca alguna. Puede crecer desordenadamente y destruir todo el mundo porque se extiende como un hongo en la superficie. Pero lo verdaderamente profundo y radical es siempre el bien."
 
A su tiempo, muerta ella, fue su amigo Hans Jonas quien culminó su despedida a la amiga, con las siguientes palabras: "Puesto que ella apreciaba la amistad por encima de todo lo demás, permítanme hablarle como amigo. El año pasado, Hannah, celebramos los cincuenta años de nuestra amistad y recordamos cómo empezó todo entonces, en el seminario de Bultmann sobre el Nuevo Testamento, en el que éramos los únicos judíos, y cómo esta amistad creció con el paso de los años. Por encima de largas épocas de separaciones y una tormentosa diferencia de opiniones estuvimos seguros de un sentimiento compartido: lo que era importante y lo que no lo era, lo que en realidad contaba, lo que se podía honrar y lo que había de ser despreciado. Hay muchos aquí que podrían elogiarte como amiga, que podrían atestiguar que, cuando te vinculabas a alguien de verdad, era para toda la vida. Tú te mantuviste fiel; siempre estuviste allí. Hoy somos un poco más pobres sin ti. Sin tu calidez, el mundo es un lugar más frío. Nos has dejado demasiado pronto. Intentaremos mantenernos fieles a ti".
 
Hannah Arendt falleció en 1975 siendo ciudadana norteamericana.
 
"cada persona es un initium, un comienzo y un recién llegado al mundo, por tanto las personas pueden tomar iniciativas, convertirse en precursoras y comenzar algo nuevo".
(H.Arendt)
 
 
Recordemos sus textos más importantes:
 
"Sobre la Revolución", "La Condición Humana", "De la Historia a la Acción", "Eichmann en Jerusalén", "Qué es la política", "Hombres en tiempo de oscuridad", "Crisis de la República", "La banalidad del Mal", "Los Orígenes del Totalitarismo", entre otras.
 
Fuentes consultadas
 
 
 
     
     
CSG|R - Universidad de Buenos Aires - República Argentina